4.12.09

los discos del año


28.11.09

acontecimientos

Jueves: llega a mis manos Lejos de Berlín

Viernes: llega a mis manos Orgía Políticamente Correcta

Sábado: arranca el Festipulenta 4 edición delucs

Así vale la pena recibir el fin de semana

26.11.09

alegría deportiva

Es obvio que la felicidad pasa por seguir la Selección de Basquet. De hecho, hablé de eso varias veces. Pero el futbol tiene lo suyo también. Por ejemplo con esto que pasa con Maradona (obviamente acá lo bancamos) o con River, que ahora que le va mal te da la posibilidad de tirar un: "Y sí, Ahumada es el chabón que más bancó la camiseta en los últimos cinco años", y sentir que realmente te estás poniendo del lado de los buenos. O lo que pasó con Ortega al principio del campeonato. A mí, la verdad, me importa muy poco el campeonato. Pero verlo a Ortega dar vuelta él solo aquel partido contra Chacarita, en medio de un creciente clima de linchamiento mediático, me produjo una felicidad que no sé si muchos hinchas, -especialmente los que hinchan por equipos actualmente exitosos- pueden entender. Y ni siquiera los de Racing o Gimnasia. Porque de última, ellos ya están acostumbrados a sufrir. Y construyeron una bien ganada épica alrededor de esa condena. Pero el hincha de River no está acostumbrado. Y lo que tal vez no se esté dando cuenta es que momentos como ese de Ortega, o lo que pasa hoy con Almeyda, que volvió por la gloria y después de mil años de estar retirado, es una de las cosas más gratificantes que un hincha puede experimentar: el amor real -cristalizado en trayectoria constante y sonante- de un jugador por una camiseta. No un amor declamativo; uno hecho carne. Vivencia. Y la verdad, no encuentro alegría deportiva más plena que esa.

23.11.09

mail de mi viejo y una pregunta

Hola Juanma,
leyendo hoy "Los Lanzallamas" de Roberto Arlt encontré un párrafo que deseo compartir contigo.

"Alguien ha tomado la guitarra. Una vidala suena triste, y el porrón de ginebra embadurna los labios de fuego y los ojos de coraje. Las milongas entornan los párpados y retoban las caderas en pujo de baile; luego el moreno Amargura desenfarda el bandoneón, y en el pasto verde se destrenza el tango, negro ritmo de carnaza sensual y angurrienta".

¿No te llama la atención que en toda América Latina los negros sean sinónimo de ritmo alegre, vibrante, y aquí resulta que el negro bandoneonista tiene el apodo de Amargura?

Un abrazo, tu papá

19.11.09

pocas cosas más maravillosas que participar de un fenómeno de masas

Obviamente tengo una ideología musical que se vincula con mi ideología política. Pero no se traduce literalmente. O sea, el corte mal que me pese es transversal. Yo no creo en la transversalidad. Nunca creí. Prefiero la ayuda sólida y sostenida de los intendentes que las veleidades de una Royale que no conoce el barro del conurbano. Pero cuando un tipo como Melero, a quien valoro y aprecio como compositor de grandes canciones, dice: "Siempre hay multitudes dispuestas a que les mientan". Y después: "Las mayorías jamás supieron elegir. Entonces, si no saben elegir políticamente, ¿cómo van a poder juzgar arte?". Ahí sí me situo transversalmente y le recuerdo que la masividad tiene de todo. Audacia y reposición. Conservadurismo y rebeldía. ¿Hacen faltan dar ejemplos? Bueno: Beatles, Rolling Stones, Sex Pistols, Elvis Presley, Beach Boys ¿Ahi también las mayorías se equivocaron, Melero? Y mirá que te nombré de todo. Más allá de las condiciones artísticas, todos ellos fueron masivos, pero distintos. Entonces, ¿por qué meterlos en la misma bolsa? Siempre me molestaron los que miran con desdén los fenómenos masivos (y ya ni siquiera digo "populares", que obviamente pone en juego otras cosas; digo masivos, así, sin más), aquel que cuenta la cantidad de seguidores para adherir o no a un fenómeno. Considero que son ingenuos al revés. Porque después, cuando ese fenómeno under que cuidan y subrayan salta a la masividad, no saben donde meterse. Se convierten en renegados o quebrados. Pero bueno, allá ellos. No saben lo que se pierden. Pocas cosas resultan más maravilosas que participar de un fenomeno de masas y sentir que sos uno solo con toda esa gente que está en la misma. Y no es tan raro, eh. Pasa relativamente seguido en la música, la política, los deportes, las discusiones en la web. A mí me pasó la última vez cuando se votaba la Ley de Medios y afuera del Congreso se vivía la espera como una fiesta. Estaban D'Elía, Copani, Tavo de Los Piojos, Cristian Aldana de El Otro Yo y mucha gente más. No había amalgama. O sí. La amalgama de saber que estábamos ahí por algo bueno y efectivamente posible. Real. Lo opuesto a una utopía. Lo comparaba con las cerradas y aburridas marchas que asistí alguna vez cuando era adolescente y pensaba: "Qué pena. Los tipos están atentos a todo conflicto social que haya. Pero cuando sucede algo verdadero y alegre se lo pierden, lo odian". En realidad, no es una pena. Es una tragedia. Pero volviendo a lo anterior. Cuando ocurren esos fenómenos de masividad, te sentís bien. Generoso y comprendido. Por eso, a quienes les preocupa tanto la individualidad, yo les digo: no se preocupen, no es tan grave. Si tenés convición en lo que hacés, si estás tranquilo con quien sos y los que vas a seguir siendo antes y después, ¿cuál es problema de que te disuelvas en la masa? Si tenés ese miedo es porque francamente, más que ego, lo que hay ahí es inseguridad. No digo que sea el caso de Melero. Pero sus palabras muestran un elitismo que, pruebas a la vista, no le encuentro otro mote que rancio.

29.10.09

La consigna la raspabas
con la punta de la llave
sobre el pupitre.

"Has recorrido un largo camino,
muchacho", y yo me acordaba
del póster del Jefe
en la pared.

¿Cuántos éramos
los que levántamos la mano
cuando preguntaban
por los responsables?

Estabas ahí siempre.

22.9.09

7.9.09

Me cuestionan que peleo
por causas perdidas
me piden que no lo haga más
pero yo no veo el problema
si total
todos nos vamos a morir.

22.8.09

y un día Mick Jones se hizo fan

El Perrodiablo calling

17.8.09

porque el que no quiere reencarnar en un auténtico decadente no entendió nada

Volvió el gorilaje musical, el odio a la alegría, el descrédito, la Biblia junto al calefón. Cualquier advenedizo se siente capaz de expulsarte de un estándar de rock que desconoce; por consonante y cumbianchero, por millonario, por Pomelo; serás demasiado ligero, serás reaccionario, serás viejo-choto, pero no "sos rock" porque se le canta el culo-blando a un "abrazafarolas" que ni sabe quién era Willy DeVille, ni "sabe un carajo de The Mothers".

Alguna vez, hace mucho tiempo, había músicos que pensaban así, pero al revés; entonces no había lugar para Pappo, ni para Luca, ni para Miguel, ni para Federico, ni para La Renga, ni para los Deca, ni para Juanse; porque la corriente era declarar "cuadrado" al rock’n’roll de toda la vida; pero ahora (al derecho y al revés) algo conspira para deformar la cultura y ser más resentidos y tarados. En este contexto aparece Jorge a salvar las papas, como un extraordinaire héroe tranquilo.

7.8.09

25.7.09

caparrós es intelectual y zelaya un vaquero

Te enseñan que la vida es una cosa. Lo que te muestran las películas. Pero también lo que te inculcan tus viejos, los libros que leés, las canciones de rock que te enamoran, las series de televisión, tus ídolos.

Comienzo, desarrollo, final.

En ese momento me di cuenta. Cuando me miraste con la determinación del error. Ibamos por Paseo Colón y vi que habías detectado el defecto físico. La anomalía. Una fetichista de la fotografía. Del bello gesto que se cristaliza.

No soy así.

Y está bien.

Ustedes hablaban de las vacaciones. Y yo pensaba: "El subte queda lejos. No tengo monedas". Las vacaciones eran un horizonte nublado. Y ustedes parloteaban. Que este tal cosa. Que aquel tal otra. No les gustaba ninguno. Pero hablaban de ellos igual. Eran divertidas. Lindas. Y yo vagabundeaba. Las manos en los bolsillos y la mente en otro lado. Compartimos laburo un tiempo y después nunca más.

A los sesenta y cinco te jubilás. O más o menos. Mi viejo largó todo un poco antes y se dedicó a lo que verdaderamente le gustaba: la historia argentina, las clases de zamba y tango, la astronomía. Discuto bastante con mi viejo. Lamentablemente. Y lo peor es que yo, en esos temas puntuales, presentes, generalmente tengo razón (en los otros, los profundos, tiene razón él). Pero hay algo en lo que siempre me gana: la pureza. Mi viejo se equivoca, pero nunca la caga. O casi nunca. Es un tipo con paz. Y un tipo bueno. Yo soy bueno. Pero mucho más bueno es él.

Por suerte.

Hay cosas que no dependen de uno.

Cuando Johnny Depp se enamoró de Winona Ryder se tatuó en el hombro: "Winona For Ever". El amor duró tres años. Después él modificó su tatuaje y quedó: "Wino for ever" (borracho por siempre). Y ella, según la prensa, se dedicó a lo que más le gusta hacer: salir con rockeros. El mejor: Ryan Adams.

El chabón que todas las minas argentinas adorarían si lo conocieran.

Allá es famoso. Pero es country. Country alternativo. Y acá el country, en la mentalidad crítica de Puán, Marcelo T o Ramos Mejía, los adoradores de la Escuela de Frankfurt, los seguidores -hasta hace muy poco- de Caparrós y Lanata, todavía es considerada una música de viejos reaccionarios.

No me olvido más. Año 1998. Lanata alecciona a los futuros caceroleros en Día D y lo envía a Caparrós a Venezuela. Le dice: investigá. Él vuelve a la semana y da su veredicto: "Sí, son carapitadas. Chávez es como Seineldín". Tiene miedo en los ojos. Le tiembla el bigote. Pero está seguro de lo que dice. Nunca se retractó.

Caparrós es un intelectual.

Y Zelaya, el tipo que volvió a su patria después del golpe más humillante del que se tenga memoria, el que volvió a pie y de pie, rodeado de su gente pero también de los francotiradores apostados en la colina, es lo opuesto, un vaquero.

Ryan Adams, que también es un cowboy, graba diez discos en diez años y me deja una canción, una entre decenas, que repito todo el día y te canto a vos, aunque no estés: "Sé que ahora soy un extraño, pero trataré de estar ahí".

Y caminamos.

Caminos aunque enfrente esté el desierto.

21.7.09

Morazán es Bolivar o San Martín

Hace un par de semanas tengo la persiana caída. Se cortó la cuerda y zas, se desplomó. Sin vueltas. Para siempre. Llamé a Martín, que siempre me ayuda en estos casos. No contestó. Recuerdo que la última vez me avisó que no respondía el celular. "Por seguridad", me dijo. "Los puede ver mi mujer". Los fines de semana se ve con su amante en Quilmes y los llamados podían ser peligrosos. "Me pueden descubrir", me advirtió. El tema es que hoy por hoy es el único que me puede ayudar. Él levanta, yo sostengo. O viceverza. Un equipo que funciona bien. Hablamos de la vida. De peronismo. Y de mujeres. Martín fue ayudante en el edificio donde vivo. Ayudante del portero. "Con Juan Carlos todo bien", me dice. "El problema es la vieja". Y no hace falta decir que la vieja es la administradora, la cincuentona votante de Macri que vive en mi piso y que desde que me mudé acá me trata bien. Me considera importante. De buen trato. Seguramente porque soy blanquito. Y viví en otros países. Colombia. Honduras: "Míralo al argentino. Mira cómo sabe la historia de nuestro país", me decían cuando estaba en tercer grado. "Morazán es Bolivar o San Martín", me inculcaba el viejo que vendía golosinas en el recreo. Y yo recordaba, memorizaba. Y no me olvidaba más. Si querés cerciorarte, date una vuelta por Loreto y Vuelta de Obligado, esquina federal si las hay. Me acuerdo que recién terminaba Mexico '86 y todos decían: "¡Al argentino! ¡Al que salió campeón mundial!". Así aprendí a jugar. A gambetear. El fútbol es importante. Pero nunca tan importante como cuando sos chico y todos te señalan a vos. Hoy justamente hablábamos de eso, en el día del amigo. Por la tele pasaban los goles de Diego y uno tiró: "Loco, es un genio, no se puede creer. ¡La tenía atada!". Y sí. Nosotros nos quemábamos los ojos para completar el álbum, exigirles que nos dejaran salir antes de que fuera demasiado tarde, y ellos nada. Ni la hora.

Con esa seguridad del que te pide todo para no darte nada.

19.7.09

hay una ideología dando vueltas

En este blog apoyamos a Zelaya, Moyano, Ahumada, las callecitas de tierra de José C Paz y las epopeyas de La Plata.

Si vos bailás, nosotros también.

7.7.09

tengo que hacer eso y lo hago

-Vayamos ahora a tu poesía porque ésta es una entrevista a una poeta ¿no? No hay en tu poesía palabras que no sean las cotidianas. Transmitís ideas muy profundas, que tocan el alma, pero siempre usando el lenguaje de todos los días.

Sí, siempre me he rehusado a usar palabras que salen de lo corriente, aquellas que suelen considerarse poéticas. Me cuido de no caer en eso, me cuido de no volver a tocar un poema una vez que lo dejé.

-Quiere decir que no corregís.

Yo escribo un poema en unos minutos y no lo toco más. Puedo escribirlo varias veces, una atrás de otra hasta que me parece que está. Ahí lo dejo y no vuelvo a tocarlo.

-Quiere decir que no cambiás una palabra o dos, sino que...

Vuelvo a escribirlo entero hasta que lo guardo o lo tiro. Cuando está, está.

-En cuanto al proceso por el que llegás a escribir un poema, ¿éste te ronda la cabeza hasta que te sentás y lo escribís?

No, no, es como si la mano fuera... Es muy difícil para mí explicar lo que hago.

-También podría interesar los sentimientos que te acompañan cuando escribís.

No, nada, nada. Tengo que hacer eso y lo hago. No que necesito hacer, que estoy obligada a hacer.

-Juan Gelman dice que sus poemas responden a obsesiones. "Tengo una obsesión y escribo para terminar con ella". ¿Será lo tuyo algo parecido?

No, no es así. Es algo completamente natural que en determinados momentos debo hacer. Lo hago y jamás vuelvo a tocarlo, una vez hecho. Por otra parte no quiero ceder a la tentación de escribir lo que no estoy obligada a escribir. A esa tentación me resisto.