31.12.08

mis hits 2008

Amigo piedra (El Mató a un Policía Motorizado)
Gracias totales (Gambito Evans/Hernán Martínez)
Tu tumba cama (Sr Tomate)
Escape a plutón (Shaman y los Hombres en Llamas)
Imágenes de amor (Viva Elástico)
Pequeña honduras (107 Faunos)
Verano fatal (Prietto Viaja al Cosmos con Mariano)
Esto está lleno de putos (El Perrodiablo)

Bonus:
A nadar (Los Cayos)
Volviste muy puta de Gesell (Zambayonny)

24.12.08

Últimamente andan comentando unos anónimos muy interesantes. Ni idea quiénes son ni de dónde salieron. Pero inspiran.

Gracias por la pasada, che.

13.12.08

la música electrónica murió

Es algo que venía pensando hace mucho. Pero esta vez me lo dice un tipo importante, que está en el tema. "La música electrónica murió. Hace dos años. No da para más".

El tipo es DJ. Grandote. De cuarenta y pico. Le pagan bastante por meter disquitos, hacer pasaditas cancheras, estar. Pero es copado. Ya hablamos antes. Un par de veces por teléfono, la primera vez cara cara.

"Hace dos años que no pasa nada", insiste.

"Y la Creamfields?", le pregunto. "Viene mal, ¿no?"

"Para el orto", me dice. "Ya venía mal. Pero esta última rompió los récords. Fue desastrosa".

Y agrega, confidente: "Lo que pasa es que nadie te lo va a aceptar".

La pista está casi vacía. Los que están en la fiesta, es evidente, no quieren saber nada. Pero el de la cabina no se da por enterado.

"Mirá! Mirá!", me dice el DJ, brutal. "La gente quiere hits. ¡Y no hay!"

Le recuerdo que en los últimos años hubo algunos hits. Más de uno.

"Sí, pero... ¿de música electrónica cuántos? Hace cuánto que no escuchas un hit de electrónica en la 100?"

"Hace mucho, mucho tiempo", le concedo.

"¿Ves? Estamos cagados", dice y su cara es el de una persona afligida que ya meditó la situación.

Yo por un segundo me alegro. Pero después pienso: ¿hasta dónde es así?

Aclaremos: siempre odié la música electrónica. Desde quinceañero. Pero no la electrónica en sí. De hecho, me parece maravillosa aplicada a todo lo demás: a una canción tecnopop, a un riff electrorock, a una banda punk con ganas de bailar. Pero no como esqueleto a la interperie. La marcha. El house.

Realmente: ¿te dan ganas de conquistar el mundo, enamorar a la persona que te copa, cuando "bailás" en una rave? (rave, qué palabra vieja, perdonen). Porque, te cuento una cosa, cuando bailás cuarteto, cumbia o rocanrol, sí te dan ganas. Te sentís muy bien. Salvo, bueno, que seas un toque reprimido o te dé cosita. Pero eso ya es otra cosa. Sino, te sentís Gardel.

"La música electrónica murió", me repite el DJ de larga trayectoria en las pistas. Es grandote, tiene barba y colecciona música vieja, viejísma, ¡de los 50!, para pasar en otros lugares.

Es sincero.

Y yo le creo.

Pero sé que las cosas no mueren. Se transforman.

Afuera los pájaros anuncian el nuevo día. Me despido del DJ y parto.

7.12.08

tigresa

¿La vieron a la Tigresa? Además de verla pelear, ¿la vieron cuando habla? Le brillan los ojos.

Dice verdades.

Para mí, irradia belleza.

Es linda.

5.12.08

como Romay, pero peor

Ayer nos sacaron de la caverna y nos mandaron como por un tunel a otro lugar. Un lindo lugar. Con ventanales, balcón y mucho verde. Como un spa, pero de hormigón. Digo ayer porque todo sucede más rápido desde que llegamos acá. Pero en realidad debería decir hace mes y medio o dos. Y si le preguntás el mandamás, el que anda con custodia y practica en el jujitzu en el gimnasio, te dice tres. Y en seguida te dice: igual eso no importa. Las cosas son así, como son.

Y coincido.

Me cae bien eso que él dice.

El problema es que no me cae bien él.

La otra vez, por ejemplo, cuando entró echo una tromba a la redacción. Dijo: ¿a dónde está Obama? Dijo: ¿a dónde está Moyano? Dijo: ¿a dónde está Nalbandián?

Era evidente: buscaba roña.

Por más que se hubiese puesto su traje más caro. Y abajo sus cuentas rebalsaran de balances positivos.

Buscaba roña.

Como Romay, pero peor.

Ganas de clavar un despido. Como de hecho, una semana después, sucedió. Pero esa es otra historia.

Ahora silencio. Todos callados. Incluso nuestros jefes de alta experiencia en lugares mucho menos exigentes que este. Lugares donde te queman la cabeza de verdad. Donde te colocan micrófonos secretos y te espían. Lugares así.

Pero yo acá aprendí algo: David y Goliath. Ganarle de mano. Asestar la primera piña.

Ahí está, le señale. Y mi dedo apuntó al televisor.

El émulo de Romay abrió la boca y enmudeció.

Ahí, mágicamente, los de C5N contaban cómo Obama, después de ganar las elecciones, fumaba la pipa de la paz y convocaba a su antigua archirrival, la esposa de Bill, la que iba a ser la primera presidenta yanqui de la historia. Hasta que llegó el negro. Y cantó: ni vencedores ni vencidos.

El tipo no lo podía creer. Justo lo que nosotros habíamos dicho. La mentirosa verdad.

Lo concreto es que por unos días todo volvió a la normalidad. Romay volvió a sus aposentos. Y nosotros a nuestro spa de hormigón.

Ahora, seamos justos. No fue para tanto. Apenas una jugada inteligente para salvar el pellejo. ¿O no?

Me refiero a Obama, claro. ¿Es para condenarlo o para aplaudirlo?

Mmmmmmm.

Obama habla bien. Y a nadie se puede condenar por eso. Aunque... ¿qué importa hablar bien? Hubo una época, en la facultad, en que viví rodeado por gente que se maravillaba por los que hablaban bien. A mí nunca me importó.

Igual, tampoco me sumo a los que descreen de Obama. ¿Vos harías algo muy distinto?

Una vez, en la facultad, en una de esas colas interminables que le encantan generar a la UBA, un compañero que después se convirtió en profesor me dijo: "Yo prefiero que gané Bush. Kerry es más de lo mismo". Yo lo miré con una sonrisa, y pensé: "Claro, centenares de familias en Iraq te lo van a agradecer. Seguro que para ellas también es más lo de mismo, ¿no?".

Ahora, si yo hubiera sido yanqui, no tengo dudas: en la interna hubiera votado demócrata línea John Edwards. El único de los precandidatos que incluyó a los pobres en su temario de campaña.

Los pobres, nuestros queridos pobres.

28.10.08

Hoy, mañana y hasta el jueves siguiente: contando porotos como puntero peronista

Así es el rock

27.10.08

man in black 7 (secuestro en jamaica 2)

June empezó a perder los nervios, o a actuar como si así fuera, cuando se pusieron a quitarnos las joyas y relojes. Se sentó y dijo que le dolía el pecho, que estaba enferma del corazón. Creo que fue en ese momento cuando el que llevaba el revolver tomó por los pies al joven Doug Caldwell, le puso el arma en la cabeza, y dijo: "¡Hagan lo que les digo o John Carter morirá!".

Dos dudas me agarraron. Primero, ¿debía decirles que no era John Carter a quien tenían encañonado? No tenía la más mínima idea de cómo manejar la situación. Segundo, ¿era un revólver de verdad? Lo miré directamente por primera vez y no pude saberlo. Sé de armas -crecí con ellas, y llegué a tener cientas- pero esa pieza no me resultaba familiar.

La cuestión quedó sin solucionar en ese momento. Tuve que asumir que el arma era real y que el tipo la usaría si lo sobresaltábamos. Entonces la primera duda se resolvió por sí sola. Cuando se nos ordenó que nos levantásemos para empezar la segunda fase del asalto, el que llevaba el arma miró a John Carter y se percató de su error. Echó a Doug a un lado, tomó a mi hijo y apuntó el revolver a su cabeza.

Fue bajo estas condiciones que iniciamos el trabajo de verdad, yendo de habitación en habitación y entregando nuetros objetos de valor a esos novatos asustados y cargados de adrenalina. "Y yonquis", pensaba yo, que sabía mucho más de adicción de lo que aún hoy sé de armas.

Pasamos las dos horas siguientes transitando por la casa, con uno de ellos apuntando a la cabeza de John Carter mientras los otros revisaban nuestras pertenencias.

Fueron cuidadosos e incluso aseados. No dejaron lugar el lugar patas para arriba como hubieran hecho unos profesionales. Al principio se habían comportado con rudeza, particularmente con las mujeres, empujando a Reba hasta que ésta quedó absolutamente aterrorizada y Chuck peligrosamente enojado. El del hacha agarró a June tan brutalmente que le arrancó un mechón del pelo. Pero cuando finalmente llegamos al dormitorio principal se habían relajado. Incluso llegaron a entablar conversación con nosotros, preguntándonos cuánto tiempo íbamos a quedarnos esta Navidad y demás. Desde el principio me había dirigido a ellos con calma y les había dicho la verdad acerca de la ubicación de las cosas de valor, y eso jugaba a mi favor: ahora ellos me llamaban señor. Llegó un momento en que le pedí al que iba armado: "Te pido por favor que retires el arma de la cabeza de mi hijo". Y aunque no lo hizo, el mensaje en su respuesta fue claro: "No se preocupe por eso, señor".

Pero en la habitación las cosas se volvieron más extrañas.

(continuará...)

26.10.08

Salma me hace notar algo muy cierto: la mayoría de mis ídolos tienen patilla... como yo.

17.10.08

hasta buenos aires se vuelve grunge

El tipo se mueve sagaz en su piloto azul, cuidando que no quede ningún resquicio. Lento, preciso, envolvente. Como serpiente que recién se despierta y todavía no encuentra qué comer. El Club Ciudad está lleno. Y la gente se amontona. Más que en The Cult, pero menos que en Calamaro, según me cuentan los afortunados que lo fueron a ver. Las pantallas evitan mostrar la jeta curtida de Scott, su angustia. Su derrape. Pero no hay caso. Ahí está la garganta, que resiste, que hace más de lo que puede. Hace apenas un año estuviste acá. Y te vimos incendiar River con fruición, cual piromaníaco meticuloso. Ya no. Estás averiado. Caminás la cancha. Retrocedés. Tomás impulso antes de volver a atacar. Y está bien. Por vos la ciudad se desespera. Hay personas que ya no están. Y otras que siguen estando, lamentablemente. Un sábado a la mañana, un lunes aburrido a la vuelta del CBC. Nunca imaginé que fuéramos tantos. Los que tenemos treinta y los que no. Los que te vimos balancearte en la silla mecedora y los que no. Los que les escribíamos poemas tontos a las chicas de Cabildo y Loreto, y los que no. El festival alternativo de Ferro, ¿te acordás? El 504 a Tandil. El casete de los Pilots ida y vuelta. Un pibe con remera de Los Piojos que salta delante mío y sonríe. Y, creeme, no desentona. ¿Cómo va a desentonar si pertenecen a la misma especie? Ciro y Scott. Encantadores de serpientes, seductores del espacio multitudinario. ¿O a cuántos viste cruzar el Mar Rojo y repartir panes en el desierto? ¿A cuántos más? Como dijo alguien por ahí: "No es que no me imaginaba que vinieran. ¡Es que ni siquiera me imaginaba que se juntaran otra vez!". Hasta Buenos Aires se vuelve grunge con este invierno que termina lento.

6.10.08

radiohead es la escuela de frankfurt

-Dig Out Your Soul, su último disco, suena como si después de ordenar los ingredientes, todas las etiquetas de los frascos dijeran rock o más rock.

Me alegro de que digas eso. Queríamos un álbum de rock n' roll y con buen ritmo. Hacer discos tiene que ser divertido. Recuerdo haber visto a Radiohead en la tapa de una revista en Inglaterra cuando salió In Rainbows, y decía: "Radiohead: EL DOLOR". Entonces pensé: "¿Por qué carajos no paran, manga de nenes llorones?" ¿Qué dolor? ¿El de hacer un álbum? Si no lo disfrutan, no lo hagan.

-¿Qué querés decir?

Bueno, Coldplay y Radiohead, ellos son artistas ¿No es cierto? Damon Albarn, él es un artista. Hace arte. Por lo menos, eso es lo que me dicen todo el tiempo. Yo hago lo mismo que esas bandas, pero ellos son niños bien que fueron a escuelas de arte. Oasis viene de una urbanización de viviendas del estado. Sale de acá (Se golpea el corazón).

-Albarn, tu viejo rival, hizo Blur, un álbum en Mali, la banda virtual Gorillaz, the Good, the Bad & the Queen, y ahora una ópera china. ¿Una parte tuya no piensa que tal vez te hubiera gustado arriesgar un poco más?

Lo único que me falta probar es hacer un álbum solista con una narrativa. Algo parecido a Greendale de Neil Young. Eso sería lo más cercano al arte que podría llegar. Pero aunque quisiera, ¿cómo diablos me las ingeniaría para escribir una ópera? Pasar del britpop a escribir una ópera china acerca de un mono... me quito el sombrero frente a este tipo. Yo no podría hacerlo.

-Hay muchos clásicos de Oasis, pero a veces las letras los estropean. ¿No querrías a veces tomarte un poco más de tiempo para que tuvieran sentido?

¿Qué significan las letras de Thom Yorke? ¿Y qué significa In Rainbows? ¿Acaso podés estar en un arco iris?

-Radiohead fue un éxito en Estados Unidos, algo que ustedes nunca lograron.

Suerte para ellos. Pero te digo, parece que nosotros nos divertimos más. ¿Cómo te sentís la mañana siguiente de un show de Radiohead?

26.9.08

Si algo no me preocupa es el veremos. Eso está claro.
"Nosotros no convalidamos el accionar de la dictadura. Ellos cometieron un genocidio. Hay sectores que van a querer politizar este caso, y nosotros no queremos prestarnos a ningún sector, llámese Pando o quien sea. No se debe mezclar el crimen de mi padre con los de la dictadura, porque a mi padre, si no lo hubiesen matado en el '73, hoy sería un desaparecido. Nadie en la familia Rucci está en contra del juzgamiento a los militares ni de que las Abuelas recuperen a sus nietos. Nosotros no pagamos con la misma moneda".

24.9.08

my funeral once

El crimen desorganizado entra y sale de mi casa. O va a la casa de al lado. Todos mis amigos son iguales. Y los que no son iguales son tan diferentes que somos ausentes. Hace poco un amigo volvió arrepentido a su casa y ya por acá ni pasa. Ni el teléfono atiende. Serán las indicaciones del psiquiatra: "Seguí con el rivo, pero ni te juntes con el músico furtivo". No lo culpo, a mí me pasó algo muy parecido. Y me desintoxiqué. Engordé. Y desayunaba al mediodía. Cinco minutos de felicidad. ¿La verdad? Que a veces mataría por otros cinco minutos más. ¿Y que más? El resto de la vida. ¿La vida? ¿Cuál vida? La mía te asustaría. A mí que la vida me gusta, también me asusta. La verdad que tengo momentos de debilidad. Y quiero ir al cine. Ir a cenar a lo de una pareja de amigos. Hablar de Jarsmuch y Abel Ferrara. Y ninguna mañana rara. Miro a los otros que son como yo: mala vida. Si no se suicidaron ya, fue por cobardía. Cómo quisiera ser tan diferente. ¿Qué habré recibido a cambio de ser un solitario del carajo? ¿Un buen trabajo? ¿Facilidad musical? ¿Violencia intelectual? ¿Fama? ¿Respeto? No está mal... Pero la herida es mortal. No estoy solo. De verdad. Me acompaña mi propia soledad. Nadie sabe lo que pasa con la gente diferente. El bohemio se pudrió mucho antes del milenio. ¿Y el reo? Queda feo en un mundo grasa. ¿Qué pasa con los vagabundos y los borrachines y los soñadores? Yo te digo qué pasa: se quedan sin casa. Y la vida moderna los arrasa. Los pasa por arriba y se los morfa. Se los come. O los encierra bajo dieta de Cindor y cocaína. O les lame el orto esperando que terminen arrastrándose. No lo sé. A mi me parece claro como el agua podrida. C'est la vida. Interminablemente se vuelve uno decadente. Y en una sociedad que engorda mostrás los huesos. Esos huesos. Ese abandono. ¿Será la capa de ozono? No lo sé. A mí me parece claro como el agua estancada: no pasa nada. A mí me parece claro como el agua podrida: así es la vida. That's life. That's what all the people say. My funeral once. De bronce.

16.9.08

man in black 7 (secuestro en jamaica 1)

El robo tal lo recuerdo empezó exacto a las seis de la tarde del día de Navidad de 1982. Los que estábamos en nuestra casa de Jamaica éramos, además de su servidor, mi esposa June, nuestro hijo John Carter Cash, su amigo Doug Caldwell, mi hermana Reba Hancock, su marido Chuck Hussey, nuestra cocinera y ama de llaves miss Edith Montague, su hijastra Karen, una amiga, Vickie Johnson, de Tennessee, y nuestro amigo arqueólogo, Ray Fremmer.

No teníamos guardias en aquella época. Ni puertas cerrdas con llave. Estábamos en el comedor, una larga y estrecha sala que hace el ancho completo de la casa y está ocupada por una alargada mesa donde veinte personas pueden comer cómodamente.

Nos habíamos sentado a comer, nos disponíamos a decir la oración, cuando entraron de golpe. Un ingreso sincronizado a través de las tres puertas. Uno llevaba un cuchillo, otro un hacha y otro una pistola. Los tres llevaban la cabeza cubierta con medias de nylon.

Sus primeras palabras fueron gritos: "¡Esta noche acá va a morir alguien!". Miss Edith cayó desmayada en el acto.

Nos colocaron boca abajo en el suelo. Miré a June y la vi esconder su reloj y su anillo, y recé para que no la descubrieran. No lo hicieron. Deseé con todo mi corazón que Ray no llevara encima su pistola aquella noche, porque de ser así hubiera intentado algo.

El que estaba armado dijo: "Queremos un millón de dólares o alguien va a morir".

Yo me mantenía muy tranquilo. Me había dado cuenta que para sobrevivir debíamos mantener una actitud calmada y razonable.

Levanté la cabeza y miré al pistolero. "Ya saben que su gobierno no nos permitiría entrar con un millón de dólares en el país, aunque lo tuviéramos, que no lo tenemos -remarqué-. Pero si nos hacen daño, pueden llevarse todo lo que tenemos".

"¡Tienen dinero!", insistió.

"Sí, lo tenemos -dije-. Pero no un millón de dólares". De hecho, teníamos varios miles de dólares en mi maleta bajo mi cama, y naturalmente June tenía sus joyas. Aquellos tipos saldrían bien parados si todos nos manteníamos en calma.

Hasta ese momento, nuestro grupo no lo hacía demasiado bien en ese aspecto. Desna sufría un sonoro ataque de pánico y miss Edith, una vez revivida, empezó a gritar: "¡Voy a tener un ataque al corazón!".

Quizás sí fuera a sufrirlo. Nuestros captores así debieron pensarlo, pues la dejaron sentarse y uno de ellos ordenó a Desna que trajera un vaso de agua de la cocina. Fue un momento revelador, la primera señal de que tal vez esos hombres no eran profesionales, o por lo menos no eran asesinos. Unos tipos verdaderamente duros no se habrían inmutado por la salud de miss Edith ni hubieran tolerado su histeria. La hubiesen usado como ejemplo para el resto pegándole un tiro, o abriendo su cabeza con el hacha.

También observé que eran muy jóvenes. El de la pistola debía tener unos veintipico, pero los otros dos eran adolescentes y todos estaban muy nerviosos. Eso me reconfortó. Quizás no debió ser así, pero lo hizo.

Nuevamente pensé: "Si mantenemos la calma, podemos salir bien de esto".

(continuará...)

1.9.08

24.8.08

uno no se puede divorciar de sí mismo

-Omar Mollo dice que la frivolidad del rock está bien durante un tiempo; Iván Noble, que el rock es una situación hormonal. No es lo que te pasa a vos.

No es lo que me pasa a mí y no es lo que le pasa a Mick Jagger. ¡¿Qué hormonal?! No: la música te elige a vos, uno no la elige. Yo tengo una actitud natural para el rock. Aunque haya compuesto baladas, las canto con una postura emparentada al rock, no a la canción melódica. Uno no se puede divorciar de sí mismo.

-O sea que no dejás el rock.

Es que no puedo dejar mi propia piel. No me la puedo quitar.

22.8.08

22 de agosto

A menos que tuviera una razón
para cambiar de opinión
no hay que tenerla
puede ser intuición o capricho
pero para mí seguís sin existir

Una vez me pediste que trabaje
y era de verdad una buena idea
pero cómo llegar a horario cada día
si tengo un calendario distinto

Los nombres de los días son los mismos
sólo que los míos tienen hora Medellín
allí donde cayó un avión que llevaba al Zorzal
un semáforo se llevó al Varón

Lo vi volviendo de Constitución
noté que papá escuchaba al chófer
y lloraron los dos
De grande entendí que esos ojos mojados
se hincharon de tristeza
por esos ojos que se cerraron

Años después, y cambiando de tema
en el 72 hubo un gran problema
Fue en el Sur y algunos llegaron a la isla
pasando a saludar por Chile socialista
El 22 de agosto en un día donde
a falta de uno, cumplen años dos gomías
¡Salud Martín, Salud Andrés
brindemos por los muertos de Trelew!
¡Brindemos por los muertos de Trelew!

Un patético almirante apareció por la televisión
explicando que los malos se habían escapado
y por supuesto nadie le creyó
Y algún tiempo después, el marino Hermes Quijada
se enteró de la muerte de aquel monto
el Gallego Fernández Palmeiro, combatiente del ERP
22 de agosto, era el piloto que los llenó de plomo
los llenó de plomo y se las tomó
¡Por el 22, el loco!
¡Por el 22!

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Feliz cumpleaños, comandante

amigos, préndanles una vela a los muchachos

Y bueno, perdimos. Nos faltaron algunos de los mejores soldados. Pero los que estuvieron, lo hicieron bien. Ellos, en cambio, mostraron la hilacha. Si hasta en un momento nos pusimos a tiro. ¡A las zancadas y rotos como estábamos! Fue impresionante verlo a Nocioni saltar a la cancha en una pierna y aún así arengar al equipo para remontar lo imposible. O a Paolo Quinteros y Juan Gutierrez, que jugaron poco y nada durante todo el torneo, asumir el compromiso más impensado desde la garra y el orgullo. Ninguno desentonó. Y eso, ¿quién te lo quita?

Ayer les decía a unos amigos: "Prendánles una vela a los muchachos".

Bueno, no sé si la virgen estuvo de nuestro lado. Pero el corazón seguro que sí.

13.8.08

algo así como David contra Goliath

Al final fue un golpe de estado. Un cambio en las cúpulas para el cual el magnate necesitaba escarmentarnos y humillarnos en la pasada.

Había pibes ahí que habían renunciado a otros laburos. Y una chica que lagrimeaba, mientras el tipo nos gritaba, y me decía por lo bajo no quiero estar más acá.

Y la verdad que se podría haber evitado.

Los antecedentes decían que en cualquier momento aparecían los guardespaldas a echarnos a patadas.

No sucedió.

Tampoco que nos despidieran. Como dije, fue apenas un golpe de estado.

Lo que sí pasó es que en un momento no aguantara más y le recordase al tipo algunas cosas. El estatuto, por ejemplo. O la potencia de la palabra mentira.

Algo sí como David contra Goliath. Pero sin la gomera.

Horas después, en una reunión que él mantuvo con algunos de nuestros jefes (tan despedidos como nosotros) me dijeron que comentó: "Ah, y con cómo son las cosas acá, es probable que ese pibe que me prepoteó terminé llegando a director".

Bueno, no fue la intención.

Cristian, mi jefe mi directo, me dijo mientras bajábamos las escaleras: "Está vez te salió bien. Pero no creas que ese es el camino".

Su consejo fue sincero y protector.

"Tenés razón", le dije. "No lo es. Pero en determinadas situaciones es algo que me cuesta evitar. En el colegio me pasaba lo mismo".

Poneme un preceptor sádico como escarmiento y lo lamento, pero se va a quedar con las ganas.

No es que crea que le puedo ganar (aunque a veces eso pase). Es que me quedo tremendamente tranquilo si pierdo a mi manera.

Y contra eso no hay nada.

9.8.08

juandé

Estoy tan pero tan contento que haya salido esta nota que casi no sé qué decir.

Incardona es de esos escritores que cuando mañana hablen de él en los suplementos culturales (y eso ya pasa) podremos decir:

Yo tomaba una birra con él

Juan Diego: te admiro y espero que no dejes de escribir nunca.

8.8.08

superamigos

Y bueno. Acá estamos de vuelta. En casa y sin derechos laborales. Un amigo me dice que lo vio a Ginobili en la tele y que le cayó bien.

Y sí. Da para que te pase eso. La selección de Basquet -a diferencia de la de Fútbol- te produce eso. Te cae bien.

Y no pasa por la boludez de si la plata sí o de si la plata no. Todos son ricos. O al menos ganan bien. Es claro que no pasa por ahí.

Menos que menos porque sean "más copados que los del Fútbol".

Nah.

Es cierto que son amigos. Y que se quieren. Y que se desean el bien.

Pero porque tienen historia.

Me parece que ahí está la clave.

¿Cómo van a pasarla bien los del Fútbol si todo el tiempo están cambiando de roles, compañeros y planes?

¿Si no compartieron más de dos mundiales seguidos?

¿Si no tienen historia?

A veces pienso que Ginobili, Nocioni, Oberto, Scola y los que fueron reemplazando a históricos como el Puma Montecchia, Pepe Sanchez o Wolkowisky, son como los superamigos. Que escuchan la señal y no dudan en acudir a la cita. Defender la medalla que consiguieron la última vez.

Una señal que viene sonado desde el Premundial del 2001 en Neuquén. Y que ahora, viejos y averiados como están, no dudan en seguirla y dar el presente. Por más prestigio y honor que pongan en juego.

Es emocionante verlos juntos.

Y más ahora, que casi seguro no alcancen a empardar la gloria de antaño.

Eso lo hace más épico: cómo dejan todo de sí para igual cambiar la historia.

De lo irreversible. De lo que termina.

31.7.08

man in black 6 (jack 5)

En realidad Jack no se fue. No más que cualquiera. Por algo su influencia es tan profunda. Desde que murió sus palabras y su ejemplo siempre fueron señales para mí. Cada vez que me pasó algo importante, algún problema, me pregunté: ¿cuál era el camino de Jack? ¿Qué dirección hubiera tomado?

No siempre seguí su ejemplo, por supuesto. Pero por lo menos sabía dónde estaba. En otras palabras, mi conciencia siempre funcionó bien. Incluso durante los años en que me autodestruía e inflingía dolor a los demás, en que el perro negro que hay en mí seguía adelante y hacía lo que quería, me quedaba todavía esa voz molestándome.

Toda mi vida me acompañó Jack. Desde las canciones que cantamos en su funeral -Peace in the Valley, I'll fly away, How Beautiful Heaven Must Be, canciones que me dieron apoyo adonde fuera, era sólo cantarlas y empezar a sentir una paz interior, la gracia de Dios fluir en mí- hasta hoy.

Son poderosas esas canciones.

A veces, mi único camino de regreso, la única puerta para escapar de esos oscuros lugares que el perro negro llama hogar.

Pero Jack también viene a mí en persona. Desde que murió, viene presentándose en mis sueños cada dos meses más o menos, a veces incluso más. Y me sigue de cerca. Cuando June o John Carter, nuestro hijo, se aparecen en mis sueños, normalmente son más jóvenes que en su edad real. Pero Jack no. Jack siempre es un par de años mayor. Cuando tenía veinte, él tenía veintidós. Cuando cumplí cuarenta, él ya tenía cincuenta. Y la última vez que lo vi, hará unas semanas, su pelo ya era gris y su barba blanca como la nieve.

Es predicador, como él quería. Un hombre bueno y de reputada personalidad.

Sigue siendo sabio. Normalmente cuando sueño con él es que ando en problemas o en algo cuestionable. En esos momentos él viene, me mira sonriente y me dice: "Te conozco JR. Sé lo que realmente estás pensando".

No hay forma de engañar a Jack.

26.7.08

algo más que simple literatura

Como me dijo un amigo: "Lee Mientras Escribo de Stephen King. Te cura todo". No lo leí. Pero es como si lo hubiera hecho. Acá y allá pispié partecitas. De traductores afines o de sitios donde la palabra terror o suspenso no era mala palabra. Además, cuando puedo, no dejo de leer sus columnas. Se las recomiendo. Son tan buenas como sus libros (que aclaro: alguno que otro sí leí). Lo concreto es que me curé. Ya está, soy otro. Me gusta escribir (siempre me gustó, pero bueno, me volvió a gustar, se entiende).

Por eso, en compensación, a mi amigo le recomendé Elmore Leonard, el ídolo de Quintin Tarantino. El maestro de la novela negra que escribe con sorpresa y con corazón. Si Quintin Tarantino es cínico, está a la moda y te cuenta como nadie el desayuno de dos killers antes de acometer el atraco, Elmore Leonard va más allá y te muestra la apatía, la desazón, la derrota mediocre de ese desayuno inevitablemente fallido. Si Tarantino es Palermo Hollywood o Babasónicos, Elmore Leonard es el Puente Saavedra o El Perrodiablo.

Mucho se ha dicho de que Tarantino perdió algo en sus últimas películas. Y es totalmente cierto. Se hace el canchero. Tira guiños. Se la cree. Elmore Leonard, no. Hace exactamente lo contrario. Escucha lo que dicen sus personajes, los deja respirar. Les cree. Si alguna vez los mira con sorna, en seguida les da una palmadita en la espalda. Eso me hace pensar que está tranquilo con cómo vivió. No necesita refrendarlo.

Deberían conocerlo al Leonard. Es un tipo viejo, más grande que Bioy cuando murió. Pero con el triple de sexo que él. Y eso que el oligarca bueno (el malo ya sabemos quién es) cogía bien. Con estilo. ¿O no era el dandy de la literatura argentina? Bueno, si hay algo que Elmore Leonard no es, que nunca le interesó, es ser un dandy. Seguramente vomitaría sobre un dandy. Le ensuciaría el traje. Lo miraría de abajo. Pero con orgullo...

Igual creo que exageré. Porque, en realidad, a Leonard nunca le importó el orgullo. Nunca van a verlo interesarse por eso. Él simplemente deja que hablen. ¿Quienes? Bueno, los que nunca hablan. ¿O acaso alguna vez escucharon hablar al sereno, al que lleva a la hijita del embajador a la fiesta de quince? Esos tipos, ya lo dijo alguna vez Woody Allen, saben muchas cosas.

Lo voy a decir sin vueltas: el día que alguien transcriba, simplemente transcriba, lo que esos tipos dicen, bueno... abremos accedido a algo más que simple literatura.

10.7.08

puedo espiar el futuro, es ahora o no

Parafraseando una famosa nota de Jon Landau, el martes pasado, en un sótano sucio de Villa Crespo, vi pasar por delante de mis ojos al futuro del rock.

Gracias, Perro.

8.7.08

por algo nos hizo entrar a un boliche

Es tan tonta la comparación. Tan estúpida. Entre ayer y hoy me sucedieron un par de cosas. Una moto que dio una voltereta antes de pegarme y que de milagro no me lastimó (bueno, sí, me dejó un toque mareado y me dejó un raspón en el tobillo, pero eso no cuenta). Un asado que tuvo vino, Vox Dei y un rocanrol que estuvo cerca de hacer escuela. Y un famoso, un periodista famoso, que le demostró a los demás que no es un ningún carlito. Nunca nos trató mal. Nunca nos corrió por derecha o izquierda (y eso que podría) y siempre con una sonrisa nos explicó lo que él creía que era mejor.

No me extraña. Por algo una vez nos hizo entrar a un boliche. Yo tenía 2O y él 28. Sencillamente pasó y les dijo a los de la puerta: "Ellos están conmigo". "Ellos" éramos mis amigos y yo, y nunca lo volví a ver. Hasta diciembre último, cuando me miró, miró mis notas y dijo: "¿De dónde sacaste esto de 'la irreverencia del peronismo punk'?". Yo, la verdad, no sabía de dónde lo había sacado. Sí sé que estaba ahí. Como cenizas que el campo trae a la ciudad. Sucias y brillantes. Molestas.

Me volvió a mirar y me dijo: "Estás adentro".

Le agradecí. Y volví contento a mi casa.

En ese momento estaba de novio. Pero no pude compartir la noticia. Ya me estaba peleando. Después vino Gesell, la ruptura y el fin de año solo en Parque Centenario y con dos vhs en la mano. Después, la postergación.

No me importó. Intercambiamos un par de mails. Él, honesto, quiso disculparse por la demora. A mí realmente no me preocupó. Ya me había dado cuenta de que era un buen tipo y de que iba con la verdad. Lo sabía de aquella vez en el boliche under, no necesitaba que me lo demostrara de vuelta.

Ahora, cada vez que nos marca un error o nos dice algo, todos lo miran como diciendo "Ah, bueno. Sabe el flaco...". Y yo me alegro.

Porque no me equivoqué.

24.6.08

elemental, watson

Algunos me dicen que no lo pueden creer. Que nunca imaginaron que el tipo terminaría posicionándose de esa manera.

Yo sí. Yo siempre supe que Caparroz es gorila.

23.6.08

man in black 6 (jack 4)

Perder a Jack fue horrible. Fue espantoso en aquel momento y sigue siendo hoy un rincón enorme, frío y triste en mi alma. No se puede sortear el dolor de una pérdida. Podés escabullirte todo lo que quieras, pero tarde o temprano tenés que profundizar en eso, atravesarlo, y con suerte, salir del otro lado. El mundo que encontrás nunca es el mismo que dejaste.

Su funeral fue el domingo 21 de mayo de 1944. Y una de las cosas que más me deprimió fue tener seguir cortando algodón a la mañana siguiente y trabajando nuestras diez horas diarias como si nada hubiera pasado.

Vi como mi madre se desplomaba sobre las rodillas y dejaba caer la cabeza sobre su pecho. Papá se acercó y la tomó del brazo. Pero ella se soltó furiosa. "¡Me levantaré cuando Dios me levante!", dijo, aunque igual después tuvo que levantarse y ponerse a trabajar.

Tras la muerte de Jack sentí que también yo había muerto. Sencillamente, no me sentía vivo. Estaba terriblemente solo sin él. Y la cosa empeoró antes de mejorar.

Recuerdo ir en autobus al campamento estival aquel verano de 1944 y no parar de hablar de Jack hasta que un par de los otros chicos me callaron: "Ya sabemos que tu hermano murió y que lo querías mucho. Pero basta, ¿está bien?"

Capté el mensaje. Todos sabían cómo me sentía y cómo se sentía mi madre. No necesitaban que se los recordara.

Mi pena se alivió un poco cuando algunos de mis compañeros de clase se esforzaron por ser mis amigos.

Pero lo que realmente me puso en marcha fue, naturalmente, el sexo. A los quince años descubrí a las chicas. Hicieron un buen trabajo con mi soledad. Cuando las hormonas empezaron a moverse lo mismo hice yo.

19.6.08

te diría:
con vos
hasta el fin del mundo

y que mi gata
se haga amiga
de tu gata

14.6.08

ser padre es otra cosa

Ella era pequeña y pelirroja. A veces te decía que sí. No importa que estuviéramos lejos. Lo importante era dejarse llevar. ¿Valió la pena? No sé. Hoy un escritor de westerns litoraleños me llamó para pedirme disculpas porque su nene se enfermó y no pudo pasar a dejarme su otra novela. Le dije que estaba todo bien, que no importaba. "Bueno, pero juntémonos a tomar una birra, aunque sea". Le dije que sí, que encantado. "Joya", me dijo y cortó. Tenemos amigos y un ídolo yanqui en común. Y eso pesa.

Cuando discuto con mi viejo quedo mal. Es un tipo noble mi viejo. Aunque no siempre tiene razón. Una vez discutimos por algo que había pasado y que a él no le había parecido grave. No digo que haya que levantar la perdiz por cualquier cosa. Pero es duro cuando todo se desbarranca y tu viejo está ahí pero no hace nada. "Pará, no podés decirle todo eso. Pará!", me dijo mi vieja cuando reaccioné y se lo reproché con una bronca que no sabía que tenía. "Lo que le dijiste le dolió -me avisó una semana después-. Se quedó en la pieza y no creo que hoy venga a comer".

Fui y le pedí disculpas. Casi que ni me dejó hablar. Se levantó de un tirón y me abrazó. Como tratando de minimizar el hecho. No porque no valorara mi gesto. Sino porque no quería hacer de ese momento un drama.

Otra enseñanza.

Hoy cuando me acordé de eso y del escritor del conurbano que escucha al Jefe y cuida a su nene, pensé: "Los padres piensan distinto. Ser padre es otra cosa".

12.6.08

-¿Por qué es escritor?

-Porque fracasé en todo lo demás. Traté de ser un abogado, un periodista, trabajar para el gobierno, y fracasé miserablemente en cada intento. Hasta que un día le dije a mi madre: "Creo que voy a intentar ser escritor". No tengo idea de por qué lo dije. Podría haber dicho con la misma naturalidad que iba a ser mecánico de aviones o dedicarme a la lucha libre. A veces las cosas que uno hace no tienen una lógica para los demás; bueno, esto ni siquiera tenía una lógica para mí, pero nunca miré atrás. Le dije entonces a mi novia que quería largar todo y mudarme a Nueva York para ser escritor, y que se casara conmigo. Me respondió que le parecía una idea maravillosa y lo hicimos.

-¿Que ella se sumase inmediatamente a la aventura le reconfirmó que era "la indicada"?

-Eso ya lo sabía. Si me hubiese dicho "Mmmm no me parece una buena idea", me habría quedado con ella, pero no habría sido escritor.

-Si no le viene la inspiración para trabajar, ¿qué hace?

-La inspiración me vino una sola vez, en 1968. (...) Cuando no tenía ninguna facilidad evidente para esto y podría haber sido cualquier otra cosa sin que nadie lo lamentara, la inspiración fue decidir que iba a ser escritor. He estado trabajando en eso desde entonces.

7.6.08

con ojos de saber

Se lo dije:
Yo voy a fracasar
pero voy a fracasar de pie.
Nunca me vas a ver
arrastrarme
por lo que no es.
Y ella me miró
con ojos de saber
que lo que yo decía
era verdad.
Leonardo Favio: "A la izquierda está la gente, a la derecha la estética y en el centro, Dios"

6.6.08

Salma y Kelly

Las dos son rockeras
pero una es morocha
y la otra castaña
Se llaman Salma y Kelly
y cuando ríen y lloran
lloran y ríen de verdad

Yo las quiero
cada una
a su manera
Kelly deja todo por una nota
y Salma, lo mismo
por una banda de rock

No hay tantas chicas así
en el mundo
Y menos en acá
donde Luca murió hace rato
y la Onda Vaga recién ahora
está empezando a existir

Cuando me llaman por teléfono
o me escriben por gmail
yo las escucho aténtamente:
Kelly tiene la posta de una banda
y Salma también.

Ellas son amigas
y se abrazan fuerte
cuando se encuentran
de casualidad.
Cómo estás
te quiero mucho
estás hermosa
se dicen
como si fuera hace años
que no se ven

Se llaman Salma y Kelly
y yo las quiero
cada una
a su manera
A una
la conozco hace mucho
y a la otra también.

4.6.08

como Franco o Favalli

Hoy hablé con un chabón que renunció. Como yo. Me dijo:

-Estuve siete meses bien. Y el resto mal.

Lo comprendí. No porque me haya pasado lo mismo. Sino porque renunciar es dificil. Sobre todo si trabajás en algo que se supone es importante para tu carrera.

El año pasado cuando cayó la nieve, pensé: "Me gustaría estar ahí. Tocando los copos. Como Franco o Favalli". Pero no pude ser.

Ese día se fue. "Son cosas que guardo en la almohada antes de dormir", dice una canción que escucho seguido.

Ahora guardo otras cosas.

Por vos. Por lo que no fue. Por lo que no va a ser y está bien.

Cuando prendo la tele me da gracia. Siempre me quedo en el History Channel. ¿No existe otro canal para quedarme?

Volver de allá es tan duro como venir de acá.

2.6.08

man in black 6 (jack 3)

Vimos vivo a Jack.

Estaba inconsciente cuando llegamos al hospital, anestesiado por las drogas que le habían inyectado para calmar el dolor. Pero no se murió aquel día. El miércoles, cuatro días después del accidente, todas las congregaciones religiosas del pueblo dispusieron un servicio especial a su nombre, y a la mañana siguiente experimentó una asombrosa recuperación. Dijo que se sentía bien, y tenía buen aspecto. Ahí estaba en la cama, tan bien como era posible, leyendo su correo -había llegado una carta de su novia- y riendo alegremente. Mi madre y mi padre, yo mismo, pensamos que estábamos presenciando un milagro. ¡Jack iba a vivir!

El viejo doctor Hollingsworth sabía la verdad. Había operado a Jack cuando lo ingresaron, y nos repetía: "No se hagan ilusiones. Tuve que extraerle gran parte de sus entrañas y... bueno, ya no queda nada ahí adentro. Mejor avisen a todos los familiares que quieran verlo antes de que fallezca". Así lo hicimos, pero sin perder del todo la esperanza.

No por mucho tiempo. El viernes Jack empeoró, y esa noche nos quedamos a dormir en el hospital, en camas que el doctor Hollingsworth había dispuesto para los ocho que éramos: Papá, tres chicas, tres chicos y Mamá.

El sábado temprano me despertó el llanto de Papá, estaba rezando.

Tampoco lo había visto nunca rezar.

Me vió despierto y dijo: "Vamos a su habitación. Digásmole adiós".

Entramos y todos lloraban. Mamá en la cabecera de la cama con mis hermanos y hermanas alrededor. Papá me sentó en el lado opuesto de de donde estaba Mamá, y ahí escuché a Jack desvariar: "Las mulas se escaparon. No dejen que entren al maíz. ¡Atrapen esas mulas!", decía. Aunque de pronto se calmó. Y adquirió una extraña lucidez. "Estoy contento de que estén todos acá", dijo mirando alrededor.

Cerró los ojos. "Veo un hermoso río", dijo. "Va en dos direcciones... Mamá, ¿lo ves?"

"No, hijo. No puedo verlo", dijo ella.

"Esta bién. ¿Pero oís a los ángeles?"

"No, hijo. No oigo a los ángeles".

Las lágrimas brotaban de sus ojos. "Ojalá los oyeras -dijo él- Es tan hermoso... Tan lindo".

Y entonces se quedó inmovil.

Tenía los intestinos envenados. Vomitó esa sustancia infecta sobre su pecho. Y se nos fue.

24.5.08

beverly hills 90210

Me gusta la gente que tiene 30. Bueno, no toda. Pero aún aquella que no me cae bien, me reconforta que al menos podamos charlar sobre los 90 y que entienda que cuando digo Brandon no me refiero a Brandon Gay Day. Ahora en Sony están pasando los últimos capítulos de Beverly Hills 90210. Los últimos últimos. A las ocho de la mañana. Cuando los personajes ya se recibieron de la Universidad y en la casa de los Walsh ya no quedan ni Brandon, ni Brenda ni los padres. Sólo el tarambana de Steve con una hijita nacida del amor con una descendiente de orientales. Y Dylan, el otro Dylan, el rebelde que vuelve varios años después de que le matan su mujer. Así de melodramáticos se volvieron estos yanquis que, en su momento, estuvieron diez años en la pantalla. Y que al principio fueron furor en muchas partes del mundo.

Dicen que fue el primer programa que mostró en la pantalla chica muchos de los conflictos de los adolescentes de los 90. O sea vos, yo y los otros como vos y yo. Pero yo creo que acá eso no influyó mucho. Tuvimos a Clave de Sol y a Socorro Quinto Año. Dos programas tan buenos o tan malos como cualquier otro. Y después a los insufribles de Montaña Rusa. Aunque es cierto que Malena Solda es linda y estaba bien. Y que el copado de Estaban Prol visualizó al chaboncito ricotero con corazón y chispa de barrio. Por algo son los únicos que hoy valen la pena.

La cuestión es que cada tanto, cuando me despabilo y me levanto temprano, pispeo un poco cómo va la serie. Y ahora que está por terminar --porque se ve venir que está por terminar--, siento cierta congoja. Para mí Brandon fue el referente de un tipo que al que le sale todo bien --las chicas, el trabajo, el rumbo en la vida-- pero que no duda en darte una mano cuando la necesitás; nunca canchero, siempre tranquilo, en esencia noble, algo así como Derossi, el personaje del libro Corazón. Por suerte, para equilibrar la balanza, también estaba Dylan, el hermano mayor que nunca tuve (o el primo yanqui que sí tengo, y que me hizo escuchar Kiss y AC/DC a los 5, pero esa es otra historia), el ranger que me mostraba el costado jodido de la vida y me enseñaba a comportarme ante un fracaso, cómo renunciar a un amor sin perder la dignidad. También Claire y Donna (la adulta, no la virgen), que siempre serán mis novias imaginarias. Sobre todo Claire, con esa mirada tan de mujer. Tan de belleza inescrutable.

Yo era adolescente en los 90. Y no es que fuera exactamente así. Pero disfrutaba. Y hoy, cuando los veo de casualidad en la tele, me siento bien.

10.5.08

hay silbidos que deshonran

Al final casi siempre es lo mismo. Que te preparo el té, que te llevo los apuntes, que no sabés si te toman hoy o mañana. La otra vez, después de ver la última peli de Sean Penn, le decía a un amigo: la opción de largar todo y mandarte a mudar la seguís teniendo, por supuesto. Sólo que ahora te parece ingenuo. O imposible. Pero bien que lo harías. Sin internet, y sin demasiados libros. Sólo algunos de Miller y los que te manden tus amigos, obviamente. No te digo que renegaría del rock -eso sí que es imposible-, pero sí que trataría de parar la pelota. Y empezar de nuevo. Como a los 16, cuando no me animaba a encarar una mina. O a los 24, que lo más divertido era hacerla reir. El resto venía solo, claro. Si vos querías cruzar Luis María Campos no esperábamos el semáforo. Y las veces que te hacía pasar en el subte me mirabas entre sorprendida y asustada. Y está bien, el desubicado, aún sin barba, siempre fui yo. La vida es así: un poco feliz, un poco injusta. El otro día, un cabezón con corte de pokemon, cumplió su deber. Con arte y con clase. En una cancha que alguna vez fue su casa. Hay silbidos que deshonran a los que los profieren.

7.5.08

revelación

ayer tuve una revelación de fumado: la voz masculina en esa pareja medio insoportable de pandas es el Chiqui de Okupas.

3.5.08



Susana
déjame ser
como yo soy

no cambia nada
que use una camisa
o una corbata

óyeme, te pido óyeme

el gusto es mío

un desafío...

30.4.08

man in black 6 (jack 2)

Fue el 12 de mayo de 1944, un sábado por la mañana. Habíamos planeado ir de pesca, pero Jack quería pasar primero por el taller del instituto, donde trabajaba cortando encinas para postes con una sierra de mesa.

Parecía indeciso. Agarró una de las sillas de la sala de estar y empezó a darle vueltas haciendo equilibrio. Yo tenía mi caña de pescar apoyada en la puerta. Salí y le dije: "¿Vamos?".

"No", me dijo, sin mucha convicción. "Tengo que ir a trabajar. Necesitamos la plata". Ganaba tres dólares al día.

No recuerdo que papá estuviera en casa, sólo que mi madre dijo: "Jack, no pareces muy convencido de querer ir". Y que él le contestó: "No, no lo estoy. Presiento que va a pasar algo".

"No vayas, por favor", le pidió ella. Y yo la seguí: "Dale, vamos a pescar juntos". Pero él seguió en sus trece: "No, tengo que hacerlo. Tengo que ir a trabajar. Necesitamos la plata". Finalmente, dejó la silla en su lugar y con tristeza cruzó el umbral. Recuerdo que mi madre salió a la puerta a ver cómo nos íbamos. Nadie dijo nada, pero ella nos vigilaba. Normalmente no lo hacía.

El silencio duró hasta que llegamos al cruce donde se bifurcaban los caminos: uno en dirección al centro del pueblo y el otro hacia nuestro habitual lugar de pesca.

Jack empezó a imitar a Bugs Bunny: "¿Qué hay de nuevo, viejo? ¿Qué hay de nuevo?", repetía con esa voz muy graciosa, algo típico en él. Pero comprendí que su alegría era falsa. Le insistí: "Dale, Jack. Vamos a pescar".

"No", me contestó otra vez. "Tengo que ir a trabajar".

Y eso fue lo que hizo. Marchó hacia la escuela, y yo bajé hasta nuestro lugar de pesca. Mientras se alejaba escuché que seguía con la broma de Bugs Bunny.

Llegué a nuestro lugar de pesca y pasé un buen rato sin tirar el anzuelo al agua. Finalmente, lo hice. Pero sólo para jugar un rato. Ni siquiera intenté que algún pez se enganchara. Era raro.

Después de un rato saqué la caña del agua y me tiré en la orilla. Pasó mucho tiempo hasta que recogí la caña y emprendí el regreso a casa. Recuerdo que caminaba lentamente, más de lo acostumbrado.

Cuando llegué a la bifurcación donde había dejado a Jack vi a papá en auto. Un Modelo A, creo. El auto del predicador. Se detuvo junto a mí y me dijo: "Dejá la caña de pescar y subí al coche, JR. Nos vamos a casa".

Me di cuenta de que algo iba muy mal. Quería traer la caña conmigo, pero papá tenía un un aire tan desesperado que obedecí.

"Qué pasa?", pregunté.

"Jack se hizo daño, de verdad", dijo.

No agregó nada más y yo tampoco le pregunté.

Cuando llegamos a casa, a un kilómetro y medio del cruce de caminos, me dijo: "Vamos a la casa de ahumados. Hay algo que quiero mostrarte".

Y sacó de una bolsa papel madera las ropas ensangretadas de Jack: la camisa, los pantalones, el cinturón. Extendió la ropa en el suelo y me señaló por dónde había cortado la sierra. Desde las costillas hasta la ingle pasando por el vientre.

"Jack se hirió gravemente con la sierra", me dijo. "Tengo miedo de que lo perdamos".

Entonces rompió a llorar. Era la primera vez que lo veía o lo oía llorar.

"Está en el hospital del Centro. Ahora vamos a ir a visitarlo. Puede que nunca más lo veamos vivo".

26.4.08

si viviéramos otra vida

Si viviéramos otra vida
cantaríamos temas de Javier Martínez
y de Tanguito
Te invitaría a pasear por Recoleta
y tomaríamos un café en La Biela
para acordarnos de nuestros padrinos exiliados
en México o Brasil.

Seguro, ¡seguro!
estaríamos un poco más gordos
y los bizcochitos acompañarían
nuestras tardes

Obviamente nos reiríamos de los cacerolazos
de los que nos piden que recapacitemos.
y pensemos en el bien de la República
la corrupción de la política
la soberbia que le hace tan mal al país.

No tengo nada que esconder
no me sobra nada
te extrañaría
en esa otra vida.

Daríamos una vuelta al perro
en el río Luján.
Compraríamos naranjas y peras
en el puerto de Frutos
tal vez algún sillón de mimbre
o la mesita de luz que nos falta.

Te acompañaría en tus proyectos
y te diría:
no lo escuches a ese que te habla mal
que te tiene bronca porque sos mujer

Caminarías descalza por Villa La Ñata
y escucharíamos el Mundial por la radio
la voz romana de Victor Hugo
que nos alertaría
sobre los tramposos
los que no conocen el honor
la manera digna de perder

Me encantaría verte con el pelo atado
y en sandalias
llevando mi gata en andas
avisándome que el mate ya está
y que por allá donde vivís
la gente te abre la puerta
si la necesitás.

Me dirías óyeme, te pido óyeme
imitando esa canción de Tanguito
que Alejandro Medina canta tan bien

Seguramente, si viviéramos otra vida
estaríamos juntos
nos reiríamos de nuestros defectos
de lo que quisimos
pero no pudimos ser.

17.4.08

peronistas

ya nadie pasea por Lavalle y Florida

Hace frío y la ciudad se llena de humo. Antes fueron los mosquitos. Y antes la neblina. ¿Qué toca después? ¿La escafandra y los mamelucos? ¿Los trajes impermeables tipo el Eternauta? A veces pienso que todo es un gran malentendido. Que mientras yo estoy acá escribiendo esto, vos estás allá, llenándote de gloria y una felicidad que teníamos y se nos enquistó. Es mentira que no sabemos caminar a tientas. Si hay que cerrar los ojos y bordear el abismo, lo hacemos. Ya nadie pasea por Lavalle y Florida. Sólo los locos y los turistas. A veces, algún presidente latinoamericano. Todavía me acuerdo de esas rutas que se perdían entre montañas. De la combi que nos llevaba a un club con pileta y quincho. Y de ese chofer que tarareaba Tarzan Boy como quien grita un gol de Olimpia o la selección de Honduras. Estábamos tan cerca y a la vez tan lejos... Si cortan los caminos y tosemos es por vos.

15.4.08

man in black 6 (jack 1)

¿Saben lo que es una caseta para ahumados? Es una construcción de madera, de unos cuatro metros de largo por otros cuatro de ancho, que se usa para ahumar carne. Todos los que vivían en el campo, a no ser que fueran extremadamente pobres, poseían una caseta de ahumados. Estabas obligado a tener una sino querías que la carne se te echase a perder.

En la caseta para ahumados fue donde Papá, serio y extraño en su dolor y asombro, me enseñó las ropas ensangrentadas de Jack.

Jack era mi hermano mayor y mi héroe. Mi mejor amigo y compañero. Mi mentor y protector. Nos llevábamos bien, Jack y yo. Éramos felices juntos. Lo amaba. Lo admiraba de verdad.

Era un chico muy maduro para su edad, reflexivo y constante. Alguien en quien podías confiar. Tenía tanta vida interior, tanta espiritualidad, que cuando murió y anunció que había sentido la llamada de Dios para convertirse en ministro del Evangelio, nadie se planteó cuestionar su sinceridad ni la legitimidad de su decisión. Jack Cash hubiera sido un buen ministro: todos en Dyess estaban de acuerdo en eso. Cuando lo recuerdo a los 14, la edad en que murió, lo veo como un adulto, no como un niño.

Tenía un claro y juicioso entendimiento del bien y del mal. Pero también era divertido. Un gran compañero de pesca y un colega en todo momento, que estaba en excelente forma, prácticamente perfecto en lo físico, un potente nadador y un veloz corredor. Todos los chicos trepábamos los árboles como ardillas, por supuesto. Pero él era excepcional: lo bastante fuerte como para trepar una soga sin siquiera usar los pies.

Eso me impresionaba porque yo era débil, flaco y huesudo, sin apenas fuerzas. Cuando Jack cumplió 14, yo ya fumaba desde los 12. Le robaba cigarrillos a Papá o se los mendigaba a los otros chicos. Incluso a veces compraba y los armaba muy bien, era un consumado fumador. Sabía que era nocivo y autodestructivo, porque lo decía el predicador y porque resultaba obvio. Pero nunca fui de los que permiten que tales consideraciones se interpongan en camino a la ruina.

Jack estaba al tanto de que yo fumaba y no lo aprobaba en absoluto. Pero no me criticaba. De hecho, el día que murió, había estado fumando delante suyo.

8.4.08

Mientras los demás leen en voz alta vos me enseñás a chasquear los dedos. Así, ¿ves? Así. Yo te sigo, pero no es tan fácil, porque en un momento vos misma me agarrás la mano y me explicás. ¿Nunca nadie te enseñó? Se trata de frotar. De dejarse llevar, decís, pero no podés contener la risa. Y yo me acuerdo de Bogotá. De la combi que nos pasaba a buscar esas mañanas destempladas. De cómo cántabamos Tarzan Boy y nos perdíamos en esas rutas que se deshacían entre las montañas, la tierra caliente y la humedad. Por eso, si alguna vez tengo que recordarte, prefiero recordarte así: entre risas, enseñándome a chasquear los dedos. Afuera hace frío y la ciudad se llena de humo. A veces siento que todo es un gran malentendido.

6.4.08

era el silencio

"Jamás el peronismo tuvo tan pocos D'Elías". Creo que es una buena frase. Una frase importante. Tal vez el comienzo de una novela. Hace poco un amigo escritor, joven y decidido, con palabras que pegan de verdad en cada cosa que escribe, me dijo: "Yo defiendo este modelo, el 3 a 1, el que me dio trabajo a mí y mis amigos". Sus amigos no son sólo sus amigos, se entiende. Es la patria. El país. Los que queremos. El pibe que vende estampitas en Retiro. El Chiqui de Okupas. Los hinchas de Racing. Orteguita. ¿Y si de verdad el amor fuera algo más grande? ¿Algo que va más allá de una relación de pareja, como me insinuó un músico gorrión, sensible y destruido? "Él amor que le puedas dar una persona depende de ese otro amor, más grande y universal", me dijo la otra vez mirando a cámara. Se acababa de separar y le tocaba hablar sobre eso que no sabe, pero que ya nos enseñó tanto. Yo simplemente callé y lo dejé pronunciar. Era el silencio.

29.3.08

yo también quiero mi 4 x 4

"Yo también quiero mi 4 x 4"
dice por la tele
un pequeño productor.
Y yo me acuerdo de Jauretche
y su retrato del medio pelo
del esfuerzo que hacían
por pertencer al Jockey Club
y la Sociedad Rural
Del odio que les agarraba
cuando llegaba el verano
y la Feliz se les llenaba
de cabecitas negras
leyendo Radiolandia
bajo la sombrilla
y en mocasín.
"Somos los que levantamos al país
los que sacamos la Argentina del infierno"
gritan con el puño en alto
antes de mandar a sus hijos
a cacerolear
por Callao y Santa Fe.
Yo te pregunto, pequeño productor
¿Cómo te fue con la convertibilidad?
¿No te abrumaron las deudas?
¿No te financió el Banco Nación?
¿Cuántos piquetes blancos hiciste
cuando llorabas tus penas
y despedías peones
en el '95, en el '97
o aquel famoso 2001?
¿Dónde venderías la cosecha
si el Estado no te pagara
un tipo de cambio alto
que te permitiese competir?
¿Cómo harías para ofrendarles
a tus hijos
los estudios en Capital?
¿Dónde quedaría tu esfuerzo
moral
de madrugada
aleccionador?

Ay, pequeño productor
ansiás tanto la 4 x 4
que no mirás alrededor.
Te olvidás de lo que eras
de lo que fuiste
de lo que sos.

28.3.08

retomando la senda del Salmón

"Desconfío de un piquete en Santa Fe y Callao, Las Cañitas o la Recoleta. ¿Cuál es la tragedia, el bolsillo de los chacareros o que falte carne y verdura en las góndolas de los supermercados?"

23.3.08

la mitad

Como siempre la Semana Santa se termina y uno hace la mitad de las cosas que quería hacer. Habrá que bajar la exigencia.

17.3.08

peronista

los únicos que guardan memoria

Un día más entre dobros y voces sureñas. Emmylou Harris te lastima el corazón cuando quiere. Y está bien. ¿A quién queremos engañar? Si de mí se tratara no cursaría más. Esas escalaras de hormigón, esos carteles tamaño catástofre. Sinceramente, me asombra el entusiasmo que todavía algunos le ponen al asunto. Me refiero a mis queridos compañeros, no a los profesores (que en paz descansen). Loco, tenés casi treinta. ¿De qué te reís? Hoy descubrí que el tipo que atiende el kiosco es el mismo de cuando empecé. Me saludó con un gesto de cabeza y un "hola" seco. Alguna vez compartimos una charla interesante. Y hoy se acordó. "Tenías razón", dijo de repente.

-¿Razón con qué? -le pregunté.
-Con lo del Cholo, que era un garca.
Tardé unos segundos en darme cuenta.
-Ah, sí. Yo te había comentado, ¿no?
El tipo me devuelve una sonrisa cómplice.
-Sí, hace como seis años, cuando todavía jugaba en la Selección.

Después, en el 65, me acordaba de esa época -las asambleas, el Mundial de Japón, los finales suspendidos sin que nadie te avise nada- y pensaba: "Al final, los únicos que guardan memoria son los no-docentes. Y los kiosqueros".

11.3.08

los primeros fresquitos

Fija que vienen los primeros fresquitos del año y el humor cambia. Ya no más sudor en el subte ni tantas caras de orto en el bondi. O sí. Pero sin tanta alharaca.
Está bien. Porque el verano fue largo. Y la ventisquera ahora pega en la frente, en los cachetes, en la nariz, chau chau adiós, te dice, mientras te revolotea el pelo y pensás que se acabó.
Entonces vos sonreís y la dejás hacer.

10.3.08

man in black 5

En mi interior, siento próxima mi infancia. Pero cuando miro alrededor, me doy cuenta de que pertenezco a un mundo desvanecido. En los Estados Unidos de hoy, ¿es posible imaginar a familias enteras, chicos y chicas entre ocho y dieciocho años al lado de sus padres en los campos de algodón, trabajando del amanecer hasta el crepúsculo en el calor de julio, espantando el cansancio con canciones espirituales? ¿Sigue habiendo lugares donde un joven puede dejar su casa después del desayuno solamente con una caña de pescar y pasar todo el día dando tumbos y explorando a solas, sin que lo vigilen y sin temores, con la total confianza de sus mayores?

Empecé en los campos como chico del agua: llevaba agua potable a los adultos y a los chicos mayores. A los ochos años también arrastraba sacos de algodón. No esos lindos cestos que se ven en las películas sino grandes sacos de lona alquitranados.

No era complicado. Estacionabas la camioneta a un costado de las hileras de tallos y te ponías a trabajar. Aunque naturalmente que sembrar y recoger no era todo lo que exigía el algodón. El trabajo de verdad quedaba entre ambas cosas: cuidar las semillas de nuestros enemigos.

Sin duda unos de los peores eran la maleza y las enredaderas, largos tentáculos que se enroscaban en los tallos de algodón para asfixiarlos. También los hierbajos, que volvían a crecer continuamente. Y las subidas del Mississippi.

Pero lo más terrible eran las plagas. Primero sabías por granjeros que estaban a algunos kilómetros de distancia. Luego los tenías en el terreno de al lado, cada vez más cerca, hasta que por fin los veías comiendo y devorando toda tu cosecha. Podías pisotearlos todo lo que quisieras, día y noche, si eso te hacía feliz. Pero no servía de nada. Al principio devoraban las hojas de las plantas, después de las flores, después los capullos, y se acabó.

Pero seguíamos adelante, y eso era lo importante. Pasara lo que pasara vos seguías adelante con el algodón.

Lo mejor era cuando la cosecha empezaba a eclosionar en octubre. Campos enteros de hermosas flores blancas que en pocos días cambiaban al color rosa. Debajo de esas flores había unos diminutos y tiernos capullos que yo arrancaba y comía antes de que se volvieran fibrosos. Mi madre no paraba de decirme: "No comas ese algodón. Te va a dar dolor de panza". Pero no recuerdo ningún retorcijón. Sí recuerdo su sabor. Lo dulce que eran...

7.3.08

todo está en youtube

Hace un tiempo, un par de meses, alguien llama al mediodía y cuelga. Escucha de mí un "hola, hola", generalmente afónico, porque sabe que yo me levanto tarde (salvo que me corresponda otra cosa) y cuelga.

Sé que no es mi ex novia, porque ella es digna y no hace estas cosas. Pero sí alguien que conozco, nos conocemos, alguna ves nos olvidamos y no nos volvimos a conocer. ¿Estás ahi? Si sos buena onda, hablame. No me enojo. Es mejor hacer que decir. Realizar que prometer. ¿A cuánta gente conocemos hoy? ¿Te animás a decir cuanta? Todos los abismos terminan en el fondo. Y qué querés que te diga. Lo lamento.

Hoy un flaco se me acercó y me dijo '¿Venís todos los jueves?'. Le dije que lo intentaría. "Dale, porque estuvo bueno".

Y pregunta:

-Este chabón es el de Locos Por Mery, ¿no?

-Sí.

-¡Una masa!

-Sí, tiene corazón. Y sufrió. No sé cuántos pueden decir lo mismo...

-¿Posta es él?

-Sí.

El flaco me mira con ojos curiosos. Quiere saber. ¿Un músico así de desvergonzado? ¿sufriendo? Evidentemente no es cosa de todos los días.

-¿Como me dijiste que se llama?

-Jonathan Richman. Rich-man, como suena...

-Ah, gracias loco. Una masa.

-De nada.

Cuando en el 59 me encuentro con una compañera de TEA, pienso: "Y sí, todo es por algo. Nada es por que sí. Tiene sentido, pero igual es triste..."

Es verdad, todo está en youtube. Y no se puede evitar.

Pero es tan triste...

4.3.08

periodista

-¿A si que sos periodista? Yo ya te veía cara de intelectual.
-Bueno, no soy muy fan de los intelectuales. Pero, sí. Soy periodista...
-Ah, está bien. Pero debés ser de los buenos. No como Rial, que dice que es periodista, ¡y es un caradura!
-Y mirá... periodista es cualquiera. A si que si él quiere llamarse así, por mí está bien...

27.2.08

man in black 4

El asunto entre nosotros y el algodón era el siguiente:

Sembrábamos nuestras semillas en abril. Y si trabajábamos lo suficiente y el Mississippi no se desbordaba y la plaga de insectos defoliadores no pasaban por ahí y no nos visitaban otros desastres naturales, para octubre ya teníamos nuestras primeras plantas de cuatro pies de alto.

Empezábamos a juntar algodón en seguida, aunque la recolecta no era eficaz hasta que una helada despejaba las ramas dejando al descubierto los capullos. El trabajo seguía hasta diciembre, cuando llegaban las lluvias invernales y el algodón empezaba a oscurecerse y depreciarse.

El nuestro era de la variedad Delta Pine, así llamado por sus largas fibras, mucho más largas que la mayoría de algodón comercial cultivado en esa época en Estados Unidos. Nuestro terreno era ideal para el algodón, y en nuestros primeros años allí, antes de que la tierra comenzara a volverse yerma, nuestra producción fue sobresaliente. Recuerdo que Papá fanfarroneaba diciendo que salían dos fardos por cada de acre, algo desconocido en otras partes del país.

De verdad, no era un trabajo recomendable. Acababas exhausto, te dolía la espalda y las manos se te llenaban de cortes. Eso es lo que más detestaba. Los capullos eran afilados. Y a no ser que te concentraras, te cortabas los dedos. A la semana tus manos quedaban cubiertas de pequeñas heridas rojas, algunas bastante dolorosas.

Mis hermanas no podían soportarlo. Se acostumbraban, claro. Pero a menudo las oías llorar, especialmente cuando todavía eran muy pequeñas. Practicamente todas las chicas que yo conocía en Dyess tenían los dedos marcados.

Lo cierto es que tras aquellos primeros años de producción espectacular, la calidad del algodón decreció mucho. Y con mucha suerte lográbamos sacar un fardo cada cuarenta áreas, cuando lo normal eran diez por cada chocientas.

Así, muchos granjeros de Dyess empezaron a vender sus propiedades. Pero Papá no. Papá siguió adelante. Fue a la Farm Home Administration y firmó pagos por la granja colindante. Y aunque esto no ayudó mucho porque el terreno era de inferior calidad al nuestro, él se las arregló para extraer lo mejor de aquella tierra.

Papá era un duro trabajador. Y astuto a la hora de sembrar sus campos en rotación para así mantener la tierra aireada.

Sus manos estaban tan mal como la de cualquiera de nosotros. Pero él se comportaba como si no lo supiera.


22.2.08

lo más gay

Anotarme en el gimnasio y empezar a hacer pesas justo cuando ponen Erasure es lo más gay que hice en mucho tiempo.

9.2.08

la fe del clínico

En un momento te das cuenta de que todo se reduce a tener una buena meta y comer bien. Bueno, también a no autoengañarse.

Esto último es importante.

Al principio, duele. Pero después, si tomás las medidas adecuadas, experimentás un renacimiento que ni te cuento.

Conocí bastante gente que valora el autoengaño. Dice cosas como: "Si no puedo cambiar un problema, cambio de conversación".

Es muy buena esa frase. Ingeniosa. No lo niego.

Pero a la larga no funciona. Cuando volvés a equivocarte con lo mismo te surje un malestar que es muy degradante. ¡Hay que ser muy necio para no darle bola tampoco a eso!

Porque vos podés mentirte toda la vida. Pero en cuanto tropezás con la misma piedra, te acordás. "Esto es lo que yo siempre digo que esta bién. Que no pasa nada... Y mirá ahora, otra vez... ¡La puta madre!". Y ahí querés matarte el doble. Por la piedra y por la repetición.

Lo digo por que me pasó. No se crean.

Por eso reivindico la autocrítica.

Cuando llegas a fondo y comprendés el famoso quid de la cuestión y cómo te compete eso, sentís un alivio raro. No resuelve el problema. Pero por lo menos salís de víctima. Ser víctima no trae paz, se los aseguro.

En cambio si antes al menos intentaste cambiar ese patrón, ese problema que se repite, después -si volvés a caer- sólo te duele la piedra.

Lo cual no es poco.

Por lo menos para mí.

Hoy vi al clínico que me recomendó la cardióloga. Se llama Rocha. Me dijo que estoy sano. Pero que haga más actividad física, eso sí. Me preguntó si tenía una ocupación sedentaria.

Le respondí que sí.

-Entonces hacé ejercicio. Un poco nomás. Nadie dice que te mates en el gimnasio

Le prometí que seguiría su consejo.

-Te tomo la palabra.

Y se sacó los anteojos y anotó la prescripción en mi historia clínica. Era joven, de unos treinta y pico de años, y alto. Hablaba de forma pausada, pero firme.

Tenía ganas de verlo a Rocha. La cardióloga me lo recomendó con tanto énfasis, me insistió tantas veces con que era muy bueno en lo que hacía, que pensé: "Bueno, más allá de saber cómo salieron mis estudios, quiero conocer a esta persona que cree tanto en lo que hace".

En serio. Eso fue lo que me hizo ir.

Porque no se trata de ser capaz. Se trata de creer.

Como Henry Miller.

O como los creyentes de los que hablaba en el otro post.

¿Qué importa si Dios existe o no? ¿Ustedes vieron cómo se comportan? ¿La humildad con que se manejan? ¿La paz? No hablo de los cruzados o los técnicos de la fe. Ni de los eruditos ni de los moralistas. Menos que menos de los fanáticos, los que están llenos de odio detrás del crucifijo.

Hablo de los que sencillamente creen. De verdad. Con los huesos y desde el pecho.

Los que no te cuestionan sino creés. Simplemente te miran y sienten culpan de que a vos no te pase lo mismo.

Son personas buenas. Y lo bueno es bello.

Mi tía Toti es así. Vive en San Juan. Y mi vieja nunca deja de llamarla cuando tiene un problema.

Ella no le da un sermón. Ni la reta porque tal vez no vaya seguido a misa.

Simplemente le promete que va a rezar por su problema.

Y eso es una diferencia. Les puedo asegurar.

Este Rocha también es un poco así. No porque sea creyente o nada de eso, sino porque cree en lo que hace.

¿Quién cree en los clínicos hoy? ¿Quién los valora en este mundo de la especialización? ¿Donde todos quieren lograr eso que los diferencie?

Rocha cree.

Me auscultó de arriba a bajo. Me hizo las preguntas de rigor. No dijo ninguna genialidad.

Pero fue grande.

Hizo lo suyo con cariño y dedicación.

Se preocupó.

Cuando nos despidimos me dio un apretón de manos y me dijo que pidiera turno para dentro de dos meses. Vestía un delantal blanco impecable y una lapicera de las de antes le asomaba por el bolsillo delantero.

Yo le dije que eso haría.

Y partí.

8.2.08

Lo bueno
de los garcas
es que se les nota
mucho
en la cara
que los son.

La naturaleza
es sabia.

7.2.08

todos los que escribimos fantaseamos con cómo será la dedicatoria y los agradecimientos de nuestro libro

3.2.08

dj bruce

-Che, ¿a si que anduviste pasando música en lo del Hippie?
-Sí, nos conocemos de hace mucho. Fui su primer cliente, je. La otra vez lo vi en un cumple y le dije: "Loco, quiero pasar música en tu fiesta". Y se copó.
-¡Esa!
-Ojo, fue en la previa nomás. Éramos yo y ocho más, ja. Pero fue grosso.
-Me imagino, con lo hinchapelotas que sos cuando nos juntamos...
-Eh loco, ¡hay peores!
-¿Con la música? No sé, no conozco, je.
-Andá cagar.
-Jajaja, ¿qué tal estuvo?
-Al principio costó, le pifié un par de veces. ¡Nunca había manejado una consola!
-Ah, profesional la cosa.
-Sí, a full. Pero le tomé la mano. Además me convidaron un Jack Daniels.
-Ah bueno, se portaron
-Sí, bien.
-Me imagino que habrás pasado indie americano.
-Por supuesto. Y alt-country. El Hippie en un momento me dice: "Ah, pero vos sos re americanista".
-Jajajaj, tal cual.
-Pero lo mejor fue cuando pasé al Jefe.
-¿Al Jefe? ¿Posta?
-Seh. Unos temitas con teclados y vientos. Muy arriba, eh.
-Boludo, ¡Bruce en la meca del britporteño!
-Y ya estaba más llenito, eh. La gente se movía.
-¡Qué grande!
-Je, viste.
-...
-...
-Sabés, me quedé pensando...
-Qué...
-La cara que pondría el chabón si se enterara...
-¿Bruce?
-Sí.
-Y... Para mí se cagaría de risa.
-Sí, ¿no?
-Sí, seguro.

27.1.08

belleza de manos y pies

Recorro todas las peluquerías del microcentro. A pie. Pregunto en la calle y todos dicen conocerla, pero nadie sabe la dirección exacta. La espalda me duele más que nunca, ya son casi las seis y está oscureciendo. Hace frío. Siento que ésta es mi última oportunidad.

Pero cuando encuentro el local veo que no es como el que queda cerca de casa. Tiene varios pisos y además de cortar el pelo hacen belleza de manos, de pies, depilación y maquillaje. No sabía que existían peluquerías tan grandes.

No entiendo. ¿Marcela vino a hacerse todo esto? ¿Cómo puede ser que le guste venir? Yo odio cortarme el pelo, trato de ir lo menos posible. Cada vez que el tipo pregunta qué quiero hacerme, yo nunca sé explicarle. Intento decirle más a menos, pero él termina haciendo siempre lo que quiere. No tarda más de quince minutos y al final me pasa el espejito por detrás y dice: "¿Viste?, igualito a lo que vos querías". Y sonríe.

Pero qué hago pensando en mi peluquero. Marcela me está esperando. Hay dos empleadas detrás de un mostrador y gente haciendo cola para registrarse. Un ascensor en el fondo y al lado, las escaleras. Veo que justo llega el ascensor, pero cuando estoy por subir me detienen.

-Disculpe, tiene que solicitar turno en el mostrador.

El guardia.

Es mucho más alto que yo y lleva un bastón de goma en el cinto. No parece sentir culpa por tomarme del brazo. Le digo que no vengo a atenderme, que sólo busco a una persona.

-Pregunte en el mostrador -ordena.
-Pero mire la cola que hay, no vengo a atenderme, es un segundo nada más...

Subo y bajo.

-Sin turno, no.

Y ahora ni siquiera me mira. No hay caso. Voy a pasar igual. Miro las escaleras. Podría subir corriendo. Él es más grande, pero seguro más lento. Si me sigue, cierro la puerta y le coloco la traba. Rescato a Marcela y somos felices para siempre. El problema es que después no podríamos salir. El guardia nos estaría esperando abajo. Con su bastón.

Cuando por fin me atienden, pregunto por Marcela y me contestan que tienen registradas a tres con ese nombre, pero que ninguna dejó el apellido. Les describo a Marcela. Les digo que tiene el pelo castaño, largo por los hombros y que no es muy alta. Me dicen que todos los días vienen a atenderse cincuenta mujeres como la que describí.

-Y todas salen distintas -remarcan.

-No puede ser. Es imposible que no la reconozcan. Llama mucho la atención. Es muy linda.

Las empleadas me miran en silencio, como si no se dieran cuenta de lo urgente de la situación. Marcela está esperándome. Yo sé que sí. Que se apuren.
-Por favor, es una emergencia.

Me preguntan si quiero que la llamen por el altoparlante.

No, no me sirve. No quiero esperarla abajo hasta que termine.

-Voy a subir.
-Espere. Tiene que pedir turno.

Otra vez lo mismo, no quieren que nos arreglemos, es eso. Nos tienen envidia. Pero si es un turno lo que nos separa, lo pido.

-¿Cuánto es?
-¿Qué va a hacerse?

Me acuerdo del cartel de la entrada.

-Belleza de manos y pies.

No te sorprendas tanto y dame el turno.

-Son cuarenta pesos, y vale para un corte de pelo también.

Sí, claro.

Cuando subo, está lleno de chicas con el pelo castaño por los hombros, pero ninguna es Marcela.

Se acerca uno de los peluqueros y me pregunta con quién me quiero atender. Le digo que odio cortarme el pelo. Se ríe.

-Todos dicen lo mismo. Acompáñeme por favor.

Cómo puede ser que no me haya esperado. Tenía tanto para decirle.

El peluquero me lleva a la silla donde atiende. Me miro en el espejo. Qué hago acá. Me siento horrible. Ya no tengo fuerzas.

Pregunta qué quiero hacerme.

-Hacé lo que quieras.


(parte de un relato largo que escribí hace varios años)

cortate el pelo

18.1.08

horarios esclavos

Puede ser que con el tiempo vea toda esta etapa de horarios locos, stress, abulia, cansancio, personajes famosos y no tanto, como una etapa copada. Por ahora me parece una poronga.

Lo que sí, buena onda la tormenta de verano. Volví justito después del chaparrón. Y hasta ahora no me tocó ni un día de extremo calor y humedad. Que no se corte, tormenta.

8.1.08

man in black 3

Recuerdo claramente la llegada a casa.

Nos tomó dos días recorrer los cuatrocientos kilómetros de Kingsland, primero por carreteras de grava y luego por caminos de tierra convertida en barro por una fuerte y gélida lluvia. Tuvimos que dormir una noche en el camión que nos había mandado el gobierno. Nosotros, los niños, en la parte trasera y cubiertos por una lona que nos protegía de la lluvia, escuchando cantar y llorar a mamá. Porque a veces lloraba y otras cantaba. Y en ocasiones se hacía difícil separar una cosa de la otra. Como después diría mi hermana Luoise, aquella fue una de las noches en que no podía saberse si cantaba o lloraba. Todo sonaba igual.

Cuando finalmente llegamos, el camión no pude ascender por el camino de tierra y Papá tuvo que llevarme en brazos los últimos novecientos metros a través del espeso y oscuro barro de Arkansas. Y ahí estaba yo cuando vi la Tierra Prometida: una casa a estrenar con dos espaciosos dormitorios, sala de estar, comedor, cocina, un hall delantero y otro trasero, un lavatorio externo, granero, gallinero y un establo para ahumar.

Para mí, todos lujos inexplicables. No teníamos agua corriente, obviamente. Ni electricidad. Ninguno de nosotros soñaba con algo así.

La casa y los establos eran simples y básicos. Pero también idénticos a las otras edificaciones de la colonia. Todas construídas por el mismo equipo de treinta hombres que levantaban cada casa en un par de días.

Nos instalamos como pudimos aquella noche. No recuerdo cómo nos mantuvimos en calor.

Al día siguiente, Papá se puso un par de pantalones de campo y fue a tomar posesión de nuestra tierra. Aquello era una selva. Pero Papá veía su potencial. "Es buena tierra", dijo simplemente al regresar. Con un aire de de esperanza y agradecimiento que todos captamos.

Fue una frase significativa.

Papá y mi hermano mayor Roy, en ese momento con catorce años, trabajaron noche y día, seis días a la semana, cortando sierras, hachas y largos machetes para después dinamitar y quemar las raíces.

Cuando el primer año llegó la temporada de siembra, ya habían limpiado ciento veinte áreas. Dos partes se plantaron con algodón y la tercera se utilizó para alimentar a los animales y llevar comida a nuestra mesa: maíaz, patatas, tomates y fresas.

Las cosechas fueron buenas ese primer año y los Cash pudieron salir adelante. La siguiente primavera yo ya tenía cinco años y ya estaba listo para el campo de algodón.