18.8.11

por ustedes, honestos devolvedores de celulares

El otro día, en la lectura del Ciclo Living, ocurrió un momento muy Bien Ahi. O pulenta, si se quiere. Pulenta Bien Ahí. Resulta que me habían invitado a leer los amigos de Nulú Bonsai y bueno, yo fui con algunos de mis textos misceláneos, esos que te despiertan una sonrisa y cada tanto un suspiro porque así son estos textos guachos, guachos textos (Los otros, los más narrativos, con personajes, comienzo, nudo e incierto final, quedan en suspenso por ahora). La cosa es que llegué, era domingo, domingo eleccionario, y en el antro literario (Corrientes circa Almagro) se respiraba un clima contento, como festivo. Y no era para menos: un 50,06% no se logra todos los días. "No es como cuando ganó Menem en el '95", me decía uno que no había votado a Cristina, pero igual se sentía parte. "Esto es distinto, es para todos", subrayaba. Y yo pensaba: "Si así están los afines, ¡imaginate nosotros!". En fin, un hermoso domingo, domingo histórico. Y a mí que me tocaba leer. Así que tras unos vinos cortesía de Goyo y Gris, y antes de que tocara Gus de El Mató, me mandé con el cuento de la primaria, el alegato sobre Zelaya y Caparrós, y el manifiesto de los bienaventurados. Pero antes, siempre hay un antes, me pasó algo muy muy bueno, una pequeña anécdota Bien Ahi dentro de esta gran anécdota Bien Ahí, y fue que conversando con Gustavo (aka El niño elefante) en un momento me dice: "Che, detrás tuyo están los Reincidentes". "¿Cómo los Reincidentes?" "Sí, atrás tuyo. El tecladista y uno de los guitarristas, el que no cantaba". Y en efecto, cuando giré la cabeza ahí estaban: Guille Pessoa, el tecladista, y Santiago Pedroncini, el guitarrista malabarista, el que no cantaba nada, pero te incrustaba en la sien unos acordes que ni te cuento. Obviamente me les fui al humo y tratando de no cargosear demasiado les comenté que los iba a ver muy seguido y que ésta vez, vueltas de lavida, ellos iban a poder escucharme a mí. La verdad, bastante atrevido de mi parte. ¿A ellos qué les importaba ese dato? Pero bueno, no lo pude evitar. Y seguramente se los habré dicho de forma simpática porque recuerdo que me devolvieron una sonrisa sincera y me avisaron que me iban a escuchar. Habían ido a ver a un amigo, que tocaba antes que yo (los músicos y nosotros, los que leíamos, nos turnábamos) y, al parecer, el lugar donde se hacía el ciclo les gustaba mucho. Eso me dio mucho ánimo, que sumado a Cristina, Reincidentes y todo lo demás, llevó a que cuando arrancó la lectura, ya con el micrófono en mano, dedicase unos segundos en recordar aquellos recitales Reincidentes a los que solía ir (cuando ni siquiera eran una Pequeña Orquesta) y agredeciera las historias de chicas que viví gracias a ellos (chicas que invitaba a sus shows, que conocí en sus shows o que ambas cosas). Después, sí, leí los textos. Y la gente suspiró, contuvo la respiración y se rió. Como se supone que debe ser. Yo, feliz, claro. Y ese abrazo sincero que me dieron después Guillermo y Santiago fue la gran recompensa. Los quiero un montón, muchachos. Es así. Y acá viene la pequeña anécdota Bien Ahí dentro del gran momento Bien ahí que es este relato. Y es que al día siguiente, menos de venticuatro horas después, me tocó entrevistar --ya por laburo, pero no importa-- a otro de los Reincidentes, su cara principal, el guitarrero de arrabal post-punk Juan Pablo Fernández. Si a Pessoa y Pedroncini los quiero, no se pueden imaginar lo que lo quiero a JPF. Es devoción. Piensen que con ese tipo yo aprendí de la calle, el espiritu añejo de la Buenos Aires de los 90, el peronismo con gamulán. Es, aunque no lo diga seguido, uno de mis ídolos. Y un capo. Entrevistarlo por primera vez tan poco tiempo después de mi primer encuentro fraternal con los otros dos Reincidentes fue muy grosso. Y su nueva banda, Acorazado Potemkin, es la avanzada del Ejercito Rojo sobre Berlín. Un rock escueto y rabioso a dientes cerrados que te saca del letargo aunque no quieras. Una bomba molotov porteña y terrorista. Entre Almagro, Flores y el Parque Indoamericano. Se los recomiendo. Y pueden descargar su disco gratis desde su sitio web. Pero estábamos en la lectura. Y en el gran momento Bien Ahí. No nos olvidemos. Había terminado de leer, en la cresta de la ola, y de pronto recibo un mensajito de Pere, mi gran amigo de El Acople: "Qué paliza, eh" o algo así, porque lamentablemente mi celular se quedó sin memoria y tuve que borrar los mensajes. Pero palabras más, palabras menos, me escribió eso. Y yo le contesté: "Decícelo a Carrió!". A lo que él redobló la apuesta hablando de Alfonsín, Binner, la mar en coche y rematando con un muy simple: "Estoy feliz". La cosa es que luego, ya al día siguiente y en el trabajo, descubrí que no tenía encima el celular. Maldición. Evidentemente lo había perdido en la lectura. La puta madre que lo parió. Respiré hondo y continué el día como si nada. Después de todo, no era la primera vez que me pasaba. Mi celular es muy barato y lo que más iba a lamentar eran los contactos que perdería para siempre. Nada del otro mundo si se tiene en cuenta que soy un olvidadizo crónico. Pero cuando me conecto al chat de Gmail recibo un mensaje de Pere: "Che, ¿vos te olvidaste algo ayer?" "Sí" "¿Un celular?" "Sí" "Ah, porque acá una chica me escribió diciendo que lo había encontrado y que te avisara" "Joya", pensé yo, "todavía existe gente honesta". Y tal cual, en cuanto pude la llamé y me contó lo que me había anticipado Pere: que había encontrado el celular en un sillón del lugar (?) y que le había mandado un mensajito al último contacto que tenía registrado. "Hola, encontré este celular, ¿le podrías avisar a tu amigo que lo encontré?". "Sí", le contestó Pere, "es Juan Manuel, que estuvo leyendo unas poesías". "Sí, justo lo encontré acá en la lectura, ¿cómo te llamás?" "Pere, ¿y vos?" "La China. Juan Manuel es el que leyó recién?" "Sí, el mismo" "Ah, porque entonces lo conozco. Del Festipulenta" "¿Sí? Lo hace él con un amigo, justamente". "Claro, yo voy desde el principio" "'Grosso!". Ese mismo día me encontré con La China en la esquina de Cabildo y Juramento y ahí me contó que siempre devolvía los celulares que se encontraba y que iba al Festipulenta desde el principio, sin siquiera imaginar que ambas cosas estaban estrechamente relacionadas. Yo obviamente le agradecí y le dije que le invitaba una cerveza el Festi que viene (que es ya! en diez días!) y ella aceptó tranquila, sin inmutarse demasiado. Seguramente en paz con haber hecho lo correcto. Y yo, mientras me regresaba en el subte D, pensaba: "Tengo que escribir esto en el blog. Es un momento Bieh Ahí. Pulenta Bien Ahí". Y acá estoy, cumpliendo mi promesa. Por vos, José. Y por ustedes, honestos devolvedores de celulares. No se mueran nunca.

4 comentarios:

jose dijo...

Gracias por el homenaje, papá. Abrazo

Ah, ¿te gustó el disco de Potemkin? Lo quise bajar y me tiró un error

pachucha de amor dijo...

jajaja, muy lindo


la china : )

Anónimo dijo...

"Una bomba molotov porteña y terrorista". Qué bueno lo que decís de Potemkin. Y lo de Reincidentes también. Potemkin tiene a grandes (gozharassian y fernández!!!, capos mal). No sabía q te gustaban los reincidentes. soy fanatico de ellos, pero nunca los pude ver en vivo.

Te mando un abrazo JM!!

Matias Cordoba!

lowfirocker dijo...

Así es Mati. La primera vez que vi a Reincidentes fue en el 96. La última, en el 2007. En el medio, los habré visto veinte o veinticinco veces. Siempre bien y porteños. Gracias por comentar. Abrazo